Icaco y su grafía: ¿con hache o sin hache?

Jorge Eduardo Arellano*

Voz indo-antillana, este sustantivo se ha escrito, indistintamente, con /h/ o sin ella.´El primer diccionarista del Caribe, Augusto Malaret, opta por la primera grafía en su Vocabulario de Puerto Rico (1937). Ahí consigna su nombre científico (Chrysobalanus icaco) y describe el arbusto “de frutos dulces muy apreciados: tienen [sus frutos] el tamaño y forma de la ciruela claudia”. Además, cita un texto literario de su país: el “Canto a Puerto Rico” (1877), cuyo autor lo escribe con la consonante en cuestión.

El diccionario oficial de Madrid prefiere la misma grafía y puntualiza su origen: voz taína. Copiando en parte a Malaret y ofreciendo dos acepciones, la del arbusto y la del fruto, la descripción del primero es más precisa: “de tres a cuatro metros de altura, con muchos ramos poblados de hojas alternas, ovaladas, muy obtusas, coriáceas y nerviosas, flores de cinco pétalos blanquecinos, agrupadas en las axilas de los ramos más altos, y fruta en drupa…” Asimismo, informa que crece espontáneamente en las Antillas.

Pero ya se sabe que este ejemplo de la flora tropical e indigenismo no se circunscribe a tal área geográfica ni a esa zona dialectal caribeña. Al menos se da en Colombia y en tres países centroamericanos. En el “Nuevo diccionario de colombianismos” (1993), Günter Haensch y Reinhold Werner incorporan la unidad léxica sin /h/, afirmando que no es usual en el español peninsular. Miguel A. Quezada Pacheco, en su “Nuevo diccionario de costarriqueñismos” (1994) y Erick Schwimmer en su “Dicctionary of Honduran colloquiallisms, idioms and slangs” (2001), también registran ICACO. Quezada la ubica en la Zona Noroeste (Guanacaste y Nicoya) de su país. Entonces, ¿cuál es la escritura que debería emplearse?

El suscrito responde: la segunda, o sea, sin hache. En primer lugar, porque la letra /h/ —que antiguamente implicaba una aspiración— carece de valor fonológico y no representa sonido alguno, según la Ortografía de la Lengua Española (1999), revisada por todas las Academias del mundo hispanohablante. En esa misma línea, Gregorio Salvador y Juan R. Lodares la reconocen “como la letra fatídica, la trampa ortográfica y un caso único de letra muda en español” (Historia de las letras, 1996:87). Al no pronunciarse en la lengua general, adquiere —en algunos casos— una ociosidad definitiva. Durante el siglo XIX don Andrés Bello y Juan Ramón del Río, en sus “indicaciones sobre la conveniencia de simplificar y uniformar la ortografía en América”, prescindieron de ella, considerándola completamente inútil. Y don Miguel de Unamuno sostenía: “Todo lo que sea acercarse poco a poco […] a la ortografía fonética [fonemática], es un progreso, como son un retroceso todos esos signos inútiles, como la /h/ de harmonía y la /b/ de obscuro”.

En segundo lugar, dos de las autoridades lexicográficas del español nicaragüense fijaron icaco sin hache: Carl Hermann Berendt en 1874 e Hildebrando A. Castellón en 1939. Berendt lo definió como “árbol frutal; hay de fruta blanca y morada”. Por su lado, Alfonso Valle en 1938 recoge tanto “hicaco” como “icaco”. Sin embargo, apunta: “Parece más correcto sin hache”. Su descripción vale la pena copiarse: “Árbol mediano, ramoso, de hojas lustrosas y duras. Sus frutos, de una pulgada, son redondos, de color azul oscuro, rosado o blanco, carnudos, dulces y de pulpa blanca. Se comen maduros y en almíbar”. Y aporta e interpreta un modismo: “Quedarse mirando al icaco es perder toda esperanza”.

En tercer lugar, nuestros botánicos se decidieron en sus repertorios por la misma opción: Icaco. Hablo de Miguel Ramírez Goyena en sus Elementos de botánica (1918), extracto de su Flora; y de Juan B. Salas en su fundamental obra Árboles de Nicaragua (1993). La magna Flora de Nicaragua (2001), dirigida y editada por el científico estadounidense W.D. Stevens, confirma esta grafía: Icaco. Por fin, en sus estudios respectivos, los colegas Carlos Mántica y Jaime Incer, igualmente escriben este vocablo del español de América sin hache. El primero al referirse a la frase adverbial “Por los icacos” (muy lejos, por la m… grande) y el segundo a un accidente geográfico del Pacífico de Nicaragua: Punta Icaco, extremo sur de la isla de Aserraderos en Corinto.

* El autor es secretario de la Academia de Historia y Geografía de Nicaragua.

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