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¿Lee el nicaragüense medio a Darío? No pensemos en la lectura obligatoria en el colegio de uno que otro poema de Darío, o la tediosa declamación de los poemas más reconocidos en las fechas de “clavar”. Me pregunto si el nicaragüense medio se sienta alguna vez a leer una página de Darío tratando de reconocer ahí los rasgos de esa genialidad que todos estamos dispuestos a reconocer sin titubear. Me parece que la respuesta es negativa. Casi nadie lee a Darío aunque muy pocas personas estén dispuestas a aceptarlo.
La mayoría de los nicaragüenses admiramos a Darío y lo proclamamos a los cuatro vientos, pero ¿cuántos entendemos por qué es importante Darío? La verdad es que Rubén tiene al menos tres cosas en su contra: 1) la resistencia general a leer poesía; 2) la dificultad inherente a su obra elegante y clásica; 3) la distancia de un siglo que nos separa. Muchas personas, aún las cultas y educadas tienen una resistencia enorme a leer poesía, hasta personas dispuestas a leer los suplementos literarios, se saltan las páginas de poesía porque no le entienden, por que nos les divierte, porque les parece improductiva. La obra de Darío no es una obra fácil, ninguna obra inmortal en el fondo lo es, aunque algunas se presten mejor a lecturas superficiales. Pero la poesía de Darío está cargada de alusiones eruditas de corte clásico, informada de la tradición literaria y cultural universal, y eso aliena al lector medio, lo hace sentirse fuera de su medio, de su alcance. Finalmente, nos separan cien años en los que el mundo ha cambiado mucho, los gustos, las costumbres, los medios de transmitir y almacenar información, los principios. El amor que expresa Darío en sus poemas no es el amor que viven los jóvenes de Managua cuando se juntan para conversar, bailar o estar juntos. Entonces ¿por qué y para qué leer a Darío?
Mientras a nivel popular Darío ha perdido popularidad, a nivel intelectual su obra es cada vez más importante y paradigmática. A medida que vamos entrando en la posmodernidad, vamos entendiendo mejor los mecanismos por los cuales llegamos a la modernidad en América Latina. ¿De qué manera y por medio de qué mecanismos se incorporó América Latina a la modernidad mundial, que a principios del siglo XX se consolidaba en Europa y Estados Unidos? Para modernizarse América Latina tuvo que apropiarse de un discurso moderno, de un lenguaje, de una serie de códigos y codificaciones. Los objetos de arte, las máquinas, las construcciones, las carreteras, la tecnología, todo eso tenía que pasar por un proceso de naturalización, de acercamiento, de apropiación. Eso es lo que hace Darío para todo el mundo de habla española. Sale de Nicaragua en un periplo que lo lleva a América del Sur, a los Estados Unidos, y finalmente a Europa, donde desde París asimila los discursos de la modernidad y se los apropia para América Latina y el mundo hispanohablante. Es decir abre el camino para que los latinoamericanos nos sintamos modernos, nos sintamos parte del mundo occidental, nos consideremos co-partícipes de la tradición helénica, de la cultura romana, de la inglesa y la angloamericana. Por eso debemos leer a Darío hoy, porque es gracias a él y sus lecciones de entre-siglos que nos podemos sentir posmodernos en este otro entre-siglos que nos ha tocado vivir.
En la crítica literaria y la reflexión filosóficas a partir de la literatura Darío está ocupando un papel central en el hispanismo mundial. La relación de Darío con la cultura popular de su época es un fenómeno interesante, ya que se encuentra en los albores de la comercialización de los objetos de arte, la producción masiva y la importación de productos manufacturados. Las masificación de lo medios de comunicación, incipiente y limitada en ese entonces, empieza a mostrar las características modernas de los grandes medios actuales, definiendo la posición del autor frente a la distribución de mensajes periodísticos y estéticos. Carlos Midence, joven de gran talento y bien informado, ha señalado ese camino en su breve libro Rubén Darío y las nuevas teorías, publicado por CIRA en el 2002. Midence estudia el cruce de estos fenómenos intuyendo acertadamente la condición liminar de Darío en este campo, sus visiones de la modernidad, su tratamiento del periodismo, y una definición avant la lettre de la subalternidad. Aunque éste es un texto que necesita más desarrollo y madurez, Carlos Midence es un crítico visionario que señala en este libro vetas riquísimas en la investigación dariana. En un volumen que publicará próximamente CIRA he recogido 19 textos representativos de este tipo de trabajo. Bajo el título de Miradas críticas sobre Rubén Darío, este libro explora la influencia posmoderna de una obra modernista.
¿Por qué entonces debe el nicaragüense medio leer a Darío? Porque nos enseña de qué forma los nicaragüenses y los latinoamericanos podemos ser universales, posmodernos, auténticamente patriotas. Porque nos enseña a dejar el provincialismo, la mediocridad y el patrioterismo. En el siglo XXI los estudios darianos continúan con gran ímpetu y vitalidad. Los dariístas nicaragüenses realizaron un simposio en León titulado Rubén Darío y su vigencia en el siglo XXI, entre el 18 y el 20 de enero del 2003 en la ciudad de León. Se puede leer una selección de las charlas en la edición preparada por Jorge Eduardo Arellano bajo el mismo título. La calidad de muchas de las ponencias y la visión de conjunto demuestra que tanto dentro como fuera de Nicaragua la obra de Darío se sigue leyendo y estudiando, que sus logros, alcances y significación continúan generando debate, ideas, revaloraciones. Eso me parece es la prueba definitiva como dice Noel Rivas Bravo, de un clásico. Los dos pensadores más profundos de Nicaragua, Carlos Tünnermann Bernheim y Alejandro Serrano Caldera, coinciden en afirmar que la contribución más importante de Darío, aparte de su renovación en la poética, fue su modelo de humanismo, su integración de la cultura universal para crear una especificidad hispanoamericana. Por eso es que debemos leer a Darío, porque en medio de la mediocridad de nuestra política, de la miseria de nuestra economía y de la ineficiencia generalizada, tenemos que pensar que podemos ser mejores, que algún día podremos cambiar.
El autor es catedrático de Tulane University en Nueva Orleáns.