José Esteban González R.
Todo nicaragüense consciente sabe que el retorno al poder del Frente Sandinista, bajo sus dirigentes actuales, significaría una catástrofe para este país. Traería como consecuencia inmediata serias amenazas a las libertades democráticas, conflictos sociales orquestados desde el poder, estancamiento y regresión económica. No solamente disminuirían drásticamente las inversiones y la creación de empleo sino que la sola posibilidad de que eso ocurra produce desde ya un efecto desalentador para cualquier inversionista responsable.
Ya desde ahora cunde la alarma en toda la región y sus consecuencias afectarían negativamente la seguridad y la estabilidad de toda la región. No se puede ignorar, sin embargo, que el Frente Sandinista —por razones más sociológicas que ideológicas— controla un porcentaje significativo del electorado, que el funesto pacto Alemán-Ortega le permitiría ganar la Presidencia con sólo el 35 por ciento de los votos, y que, si persistiera la atomización de los sectores democráticos, una victoria del Frente Sandinista sería prácticamente inevitable.
Sólo una alianza amplia y vigorosa, con candidatos honestos y capaces, con sincera identificación preferencial con los pobres y desempleados podría hacerle frente a esta amenaza. Lo razonable y patriótico, por consiguiente, es que todos los partidos democráticos se agrupen en una sola alianza cuya constitución y programa se debe empezar a gestar de inmediato. Esta fórmula aseguraría un claro triunfo popular frente a cualquier amenaza regresiva.
Es responsabilidad de los liberales hacia Nicaragua echar mano de la inteligencia, de la generosidad y de la madurez, de la que son ciertamente capaces, para restañar rápidamente las divisiones que actualmente los aquejan.
Los esfuerzos de reunificación y fortalecimiento que han venido realizando diversas corrientes políticas no compiten con este objetivo —al contrario, pueden facilitarlo— en la medida en que no se conciban con mentalidad de campanario sino como parte de una estrategia global de salvación nacional. En efecto, si en las próximas elecciones municipales del 2004 y en las generales del 2006 una multiplicidad de pequeños partidos o de alianzas menores compitieran separadamente por un espacio que es limitado, eso sólo contribuiría a allanarle el camino al Frente Sandinista. Nicaragua merece un mejor destino.
Los líderes de los partidos democráticos no deben llamarse a engaño. El adversario del PLC no es el presidente Bolaños ni el PLC es el adversario del presidente Bolaños. ¿Cómo podría ser así si fue precisamente el PLC el que llevó al poder a Enrique Bolaños y si es éste su más prestigioso exponente dentro y fuera de Nicaragua? El adversario del actual Gobierno y de todos los partidos democráticos es el Frente Sandinista bajo su conducción actual. Otra cosa sería si dicho partido se sometiera a un proceso de transformación ideológica y estructural profunda y si, coherente con esa transformación, apartara a aquellos dirigentes responsables de crímenes horrendos, de abusos, corrupción y desgobierno, eligiendo democráticamente a nuevos dirigentes como lo han hecho algunos partidos ex comunistas del antiguo Bloque Soviético, o como lo hicieron, en otra época y contexto, partidos de raíces marxistas de España, Alemania e Italia.
La negativa de los principales dirigentes actuales del Frente Sandinista a poner fin a los pactos —pactos que, al contrario, tratan de reforzar y perennizar—, su afán por manipular en provecho propio al Poder Judicial y Electoral, sus intentos de chantaje parlamentario, su insolente desafío a la autoridad del Ejecutivo, su negativa a investigar y castigar su propia corrupción y la conducta inmoral de sus dirigentes, su negativa a devolver propiedades piñateadas en lo que constituye el más cuantioso y brutal saqueo de bienes estatales y particulares, etc, confirma de manera indubitable cuál es la voluntad de los actuales dirigentes de dicha agrupación política: Poder y más poder. Dinero y más dinero, ¡a cualquier precio!
Quienes pretenden que el Frente Sandinista ha cambiado son víctimas de un auto-engaño que ni el análisis científico ni las constataciones prácticas avalan. Sin embargo, todos sabemos que el pensamiento de Sandino en su profundo contenido nacionalista y en sus postulados sociales está lejos de justificar semejantes abusos y atropellos.
Los que no queremos que Nicaragua siga figurando entre los países más pobres y atrasados del Continente, sino que, al contrario, alcance en plazos razonables un nivel de desarrollo humano integral acorde con sus posibilidades, debemos hacer lo necesario para que lo deseable se convierta en realidad. Eso, precisamente, constituye la esencia y la única justificación del quehacer político.
El autor es fundador de la CPDH y militante socialcristiano.