¿Cambiará Nicaragua con la HIPC?

Domingo [email protected]

Se ha convertido en una esperanza para Nicaragua alcanzar el punto de culminación de la HIPC (Iniciativa de Países Pobres Altamente Endeudados), dado que se estará rebajando un 80 por ciento de la deuda externa, lo que significa reducción del pago del servicio librándose recursos que pueden destinarse al gasto social. Sin embargo, las esperanzas pueden quedar frustradas si a la par no mejoran los niveles actuales de producción y de exportación de productos y servicios.

Desde los años ochenta Nicaragua perdió la capacidad productiva adquirida con anterioridad y durante los 13 años posteriores no ha sido capaz de recuperarla. El país ha vivido de crisis en crisis, que para algunos han sido oportunidades de enriquecimiento pero para la mayoría ha significado empobrecimiento cada vez mayor.

Alguien decía que el subdesarrollo está en la mentalidad. Otros dicen: “Estamos como estamos, porque somos como somos”. Con nuestra propia voluntad, los mismos nicaragüenses podemos sacar adelante al país, pues se ha visto que con sólo la cooperación externa no ha sido posible lograrlo. El país tiene recursos naturales, posición geográfica y recursos humanos capaces, pero no se aprovechan porque falla la voluntad.

La permanente crisis en que vive el país da la oportunidad de someterse a un cambio de actitud. Si el problema es de mentalidad, ¿cómo cambiar? se preguntan muchos, seguramente, conscientes de que hay que salir del marasmo en que nos encontramos todos. Jesucristo da la respuesta cuando dice a Nicodemo: “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”(Juan 3:1 al 7).

Los nicaragüenses debemos estar conscientes que si no cambiamos de mentalidad, nunca vamos a superar nuestra postración. En esto, las iglesias Católica y Evangélica, así como los medios y los gobiernos tienen un rol educativo importante para transformar nuestra mentalidad e impulsar a la sociedad a una mejor calidad de vida.

En Nicaragua el 90 por ciento de la población es cristiana pero son pocos los que conocen a Dios, porque no oímos ni leemos su palabra. El estudio de la Biblia transforma la mentalidad de las personas. “Toda la escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para reargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”. (II Timoteo 3:16,17).

Si se quiere un ejemplo se encuentra en el pueblo de Almolonga, Guatemala, donde no existen ni cantinas ni cárceles y el nivel de vida de su población es de los más altos de ese país. Es un lugar donde los niveles de producción son envidiables, y no es debido a la calidad de sus tierras, ni a las variedades de hortalizas que cultivan, sino al cambio de mentalidad que experimentaron sus habitantes.

El pueblo de Nicaragua da vueltas y vueltas en el desierto y no se sabe cuántos años tomará cruzar el río que nos separa de la tierra prometida. La gran batalla está en nuestras mentes.

El autor es administrador de empresas.

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