Antonio Lacayo
En su editorial “No hay que jugar con fuego” de hace un par de semanas, LA PRENSA expresó su temor de que se corriera el riesgo de atrasar la aprobación del paquete de leyes recomendadas por el FMI para alcanzar el punto de culminación de la HIPC que, según LA PRENSA, “ya se ha perdido dos veces: una durante el gobierno de doña Violeta de Chamorro y otra bajo la administración del ex presidente Arnoldo Alemán”.
Me parece muy desafortunado que LA PRENSA crea y afirme que durante el gobierno de doña Violeta se perdió la posibilidad de alcanzar alguna vez algo relativo a la HIPC. No es así. La verdad es muy al contrario y, como en otras ocasiones, me siento en la obligación de aclararlo porque no es correcto que la historia se escriba al revés.
La iniciativa conocida como HIPC, que quiere decir “Iniciativa para la Reducción de la Deuda de los Países Pobres Altamente Endeudados”, fue precisamente anunciada en conjunto por el Fondo Monetario y el Banco Mundial el 29 de septiembre de 1996, justo tres meses antes que doña Violeta terminara su mandato presidencial. A nuestro Gobierno sólo le tocó la tarea de asegurarse que Nicaragua fuese puesta en la lista de esos países para beneficiarse de tal reducción. Y así se hizo.
Antes de eso, sin embargo, el gobierno de doña Violeta concentró sus esfuerzos en reducir la gigantesca deuda pública internacional con que nos encontramos en abril de 1990, cerca de $12,000 millones que habían acumulado los gobiernos somocista y sandinista.
Desde nuestras primeras gestiones con Venezuela y México en 1990 hasta la negociación con Rusia que culminó en 1996, pasando por tensas negociaciones con los países ricos, conocidos como el Club de París, el Ministerio de Cooperación Externa, junto con Cancillería y Presidencia, logramos una gigantesca reducción de más de $7,500 millones. Ésta es la reducción más grande de deuda que se conoce en el mundo cuando se calcula por habitante.
Por eso fue que, al sumar la deuda vieja reducida con la deuda contraída durante nuestro Gobierno, el endeudamiento total del Estado quedó en tan sólo $6,094 millones cuando terminó nuestro Gobierno en 1996, prácticamente la mitad de lo que encontramos al iniciarlo.
Este logro de quitarle a los nicaragüenses semejante carga internacional constituyó un gran primer paso en la dirección correcta. Y así debe constar ante la historia porque ésa es la verdad.
Hoy hemos culminado otro importante esfuerzo, el de reducir esta deuda otros $4,500 millones para bajarla de $6,500 millones en que Alemán la dejó, y llevarla a unos $2,000 millones, esfuerzo que el presidente Bolaños y el ministro Montealegre han sabido priorizar y llevar a cabo con gran responsabilidad.
Alcanzar esta culminación en la iniciativa HIPC es un gran logro para Nicaragua. Combinado con la firma del Cafta, nos pondrá en un mejor camino para atraer inversiones importantes que vendrán a generar empleos que el pueblo pide y busca. Si sabemos aprovechar esta posible bonanza, nuestro pueblo recordará con agrado a los únicos presidentes que le redujeron su deuda, doña Violeta y don Enrique.
El autor es ex Ministro de la Presidencia.