Guillermo Rothschuh Villanueva
Las lógicas con que operan el aparato judicial y el aparato de difusión de masas son distintas. Son dos lógicas que chocan y se atraen. Al periodista le interesa la primicia, al juez le importa juzgar de acuerdo a los plazos establecidos. En esta encrucijada los jueces deben guardarse de ser arrastrados por el torbellino de los medios que exigen que todo debe ser ya y ahora, porque toda tardanza conspira contra los criterios que norman su funcionamiento: la inmediatez y la tempestividad como escala temporal de medida de la información. No podemos olvidar que el tiempo de los medios no es el tiempo de la justicia. El uno apuesta a la inmediato y el otro requiere tomar ciertas pausas.
Impuesta la centralidad de los medios, la situación se torna complicada para los administradores de justicia. A los tribunales se les pide celeridad y eficacia. Aún siendo diligentes y actuando con prontitud los tribunales son percibidos como aparatos demasiado pesados, faltos de gracia, sin quiebre en la cintura y sin la agilidad suficiente para dictar sentencia en tiempo y forma. Los señalamientos diarios en contra de la administración de justicia se focalizan en la retardación de justicia. Se necesitará más de un gesto y la aportación de cifras contundentes para convencer a la ciudadanía de que la administración de justicia marcha a paso redoblado.
La referencia a las lógicas temporales de los medios y de la administración de justicia tiene el propósito de poner el acento sobre un aspecto crucial: evitar angustias profesionales a los impartidores de justicia. Aún cuando el impacto de los medios encuentra nuevos planteos —la oralidad del juicio— los jueces no deben precipitarse. Tienen que prevenir ahogos o premuras y observar el tiempo social establecido para una recta administración de justicia. Se trata de una decisión capital. Nada ha sido más documentado por las investigaciones en el campo de los medios, que la certeza evidente de que el tiempo de los medios impide la reflexión y perturba el análisis. La instantaneidad impuesta por los medios no debe ser asumida ni aplastar el tiempo normado para la impartición de justicia. Los jueces requieren del tiempo normado por las leyes para deliberar, analizar y juzgar. Tienen que apegarse estrictamente a los términos y plazos establecidos. Ni un día más ni una hora menos. En un país sensible a la retardación de justicia, la ciudadanía interpreta estas dilaciones como una de las distintas maneras de violentar la ley. Tampoco estas consideraciones deben interpretarse como una nueva licencia o permisibilidad. Todo lo contrario pretende aproximar y armonizar dos esferas con escalas temporales distintas.
La advertencia formulada por Mauro Wolf resulta evidente: existen situaciones en que la prisa y velocidad impuesta por los medios resulta contraproducente. La administración de justicia es una de estas situaciones. Por mucha presión que reciban jueces y magistrados de parte de medios y periodistas, el tiempo de las decisiones judiciales no puede regirse por el vértigo informativo. La celeridad con que actúan los medios y periodistas en muchas ocasiones puede llevarlos a cometer excesos y condenas apresuradas y hay que estar sabidos que una imagen mancillada difícilmente se restituye. En Nicaragua se han vivido situaciones como éstas y debe evitarse cualquier reedición futura. Al final los medios son los grandes perdedores. Su credibilidad resulta afectada.
Si el Poder Judicial está urgido de conocer las lógicas con que operan los medios, los periodistas están siendo interpelados de la obligación de apropiarse de las lógicas, ritmos y modalidades que rigen la administración de justicia. Un diálogo entre ambos actores resultaría beneficioso no sólo para ellos, lo sería especialmente para una ciudadanía que se desplaza entre la desconfianza y el desencanto. En la medida en que la lógica de funcionamiento de los medios se ha venido imponiendo, las demás instituciones han sido debilitadas. La percepción ciudadana sobre el pobre desempeño de las distintas instituciones que conforman nuestra sociedad se debe fundamentalmente a lo que los medios informan o dejan de informar sobre su actuación cotidiana. Con la agravante de que la velocidad impresa por los medios las precipita al vacío. La apreciación vertida hace más de tres décadas en Estados Unidos acerca del desempeño del Poder Legislativo norteamericano, resulta aplicable, de acuerdo a la lógica de los medios, al resto de las instituciones: “A veces, la gente tiene la sensación que al Congreso le puede llevar treinta días preparar una taza de café instantáneo”. A los jueces lo justo y necesario. Es decir, lo pactado por la ley.
El autor es decano de la Facultad de CC.CC.de la UCA.