Mi primera experiencia de trabajo

  • Me sentía como gallina comprada. Nadie me decía nada. A todos los periodistas los miraba entrar y salir. Ellos viven en su mundo laboral. Hasta las cinco de la tarde me dijeron que fuera a hacer unas caritas (breves entrevistas) para la sección de Opinión. Así transcurrió mi primer día en LA PRENSA

Aura Lacayo [email protected]

Mi relato se refiere a la experiencia inolvidable, aunque reciente, de cuando me gradué apenas el 30 de octubre de este año (2003) de comunicadora social en la Universidad Centroamericana (UCA).

Uno de los primeros días del mes de noviembre me levanté muy temprano, entusiasmada porque era toda una licenciada y en ese momento el orgullo de mis padres era yo, porque soy la primera profesional de cinco hermanos. Ese día me vestí de lo más bonito porque iba a presentar mi currículo por toda Managua. Mis ilusiones eran grandes, pensaba que saliendo de la universidad y con mi título debajo del brazo, todas las empresas me esperaban para contratarme.

Los días seguían y yo a la espera de cualquier oferta, cuando de pronto me llama una empresa para trabajar como recepcionista. Esa primera oferta me pareció fabulosa y daba brincos de la alegría, sudaba de la emoción porque iba a trabajar.

Pero oí una voz interior fuerte que me decía: ¡No tenés por qué trabajar de recepcionista! ¿Acaso te estás muriendo de hambre? Sos una profesional y no estás para atender clientes. Ese oficio lo hace cualquier bachiller.

Respondí que todo trabajo es digno y en el país no es para esperar sentados. Pero dejé pasar esa brillante oferta. Después, decepcionada de mi paisito tan pobre y sin probabilidades de encontrar empleo, una noche el bombillo se me iluminó y decidí probar suerte. Le escribí por e-mail al Jefe de Redacción de LA PRENSA y me inspiré a explicarle mi caso detalladamente y sin mentiras. “Don Eduardo —le escribí en el mensaje—, me gustaría que me brindara la oportunidad de colaborar con usted, ofrézcame una pasantía para adquirir experiencia”. Y le escribí varias cosas más que si se las cuento no termino.

De pronto recibí mensaje del “hombre”, de que me presentara para una entrevista. Estaba feliz cuando me presenté, y él me dijo que iba a colaborar con las secciones Universitaria y Opinión.

El 12 de noviembre fue mi primer día de trabajo pero lo pasé sin hacer nada. Me sentía como gallina comprada. Nadie me decía nada. A todos los periodistas los miraba entrar y salir. Ellos viven en su mundo laboral. Hasta las cinco de la tarde me dijeron que fuera a hacer unas caritas (breves entrevistas) para la sección de Opinión. Así transcurrió mi primer día en LA PRENSA.

El segundo día me sentía la mujer mas inútil del mundo, no sabía qué hacer, todos me miraban y sufrí un estrés que duró tres días. Jamás lo olvidaré. No deseaba volver a LA PRENSA, pero después de meditar que debía hacerle frente a la situación, que todo principio es duro y que después de la tempestad viene la calma. De repente todo cambió.

Con el transcurso de los días me sentí más en ambiente y un poco más segura, aunque todavía me siento nerviosa cuando voy a entregar una nota. Nunca en mi vida había trabajado, ésta es la primera vez y sigo mantenida por mis padres.

He recibido apoyo de todos los que me rodean y ahora sí me siento útil y estoy adquiriendo experiencia.

Y lo que es muy importante, me gustra hacer este trabajo. Por eso fue que estudié la carrera de Periodismo, y tengo la voluntad y la decisión de aprender de manera permanente, para hacerlo lo mejor que pueda, para bien del público y mi satisfacción personal.

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