Iván Marín Argü[email protected]
En 1996 Wilmut y Campbell, investigadores del Roslin Instituto, en Escocia, reportaron la clonación del primer mamífero, la oveja Dolly, a partir de una célula adulta de la piel. Esta falleció seis años después, el 14 de febrero del 2003, debido a una infección viral en los pulmones. El promedio de vida para el tipo de oveja al que pertenecía Dolly es de 10 a 15 años. Previo al fallecimiento, Dolly padecía de artritis y debilidad en el sistema inmunológico, síntomas propios de las ovejas más viejas. Tanto su nacimiento como su muerte motivaron una cascada de preguntas, muchas de las cuales aún flotan dentro de la comunidad académica pendientes de respuestas. Hoy en día Dolly se encuentra en el museo de Escocia, en Edimburgo, y bajo su tierna sombra nos reta a descifrar el acertijo sobre la relación genética con su madre biológica.
Los organismos clonados, entre los que destacan ratones, vacas, conejos, cabras y gatos, están fundamentados en un mecanismo conocido como transferencia de núcleos de células no reproductiva (somáticas). Este consiste en el traspaso del núcleo de una célula adulta (piel o lunar) hacia un óvulo al cual previamente se le eliminó su núcleo. El producto resultante de esta transferencia es implantado en un vientre materno.
En la recién inaugurada era del ADN la interrogante que plantea este mecanismo es conocer cuál ha sido la contribución genética del óvulo al nuevo embrión. Es necesario recapitular que las células contienen moléculas de ADN en el núcleo y mitocondrias. Estas últimas poseen la particularidad de transmitirse única y exclusivamente por la vía materna. Es decir, el óvulo receptor además de haber suministrado los nutrientes necesarios y el medio ambiente adecuado para el desarrollo del embrión contribuye en la suma total de las moléculas de ADN presente en cada núcleo.
Sin embargo, el ADN no lo es todo. Es decir los genes no están concebidos como unidades aisladas del entorno. No se puede descartar la influencia del medio ambiente, de los aspectos sociales y patrones culturales como un factor determinante en la expresión visual de los genes y por ende en las características físicas, emocionales y psicológicas del nuevo individuo.
La edad de los clones aún está pendiente de solución. Lo cierto es que los extremos de los cromosomas, en algunos organismo clonados, se encuentran acortados más de lo normal, algo típico y común en los individuos no clonados y de mayor edad y característica reportada en los análisis genéticos practicados a Dolly. Sin embargo, esta consideración pareciera estar más asociada a la especie y tipo de célula utilizada en el proceso de clonación. Otra de las consideraciones que enfrenta el proceso de clonación, además de los aspectos bioéticos, está su bajo nivel de éxito, 2 o 3 por ciento. Los investigadores argumentan que este bajo rendimiento está más asociado a la metodología y técnica implementada que al proceso en si.
En Nicaragua, que presenta los índices de fertilidad más altos de Latinoamérica, donde uno de cada tres niños muestran deficiencia de hierro y vitamina A, y un alto nivel de inseguridad alimentaria, lo que realmente se necesita clonar del homo sapiens es la ética y solidaridad humana, para hacer de este pedacito de cielo cada día más azul.
El autor es director de investigación e investigador del Centro de Biología Molecular UCA, máster en Bioquímica con especialidad en plantas transgénicas.