A la educación le falta el alma

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A la educación le falta el alma





A propósito de que hoy se celebra el Día Mundial de la Filosofía, es oportuno recordar que hace un par de años la filosofía fue eliminada de la educación en Nicaragua.

Paradójicamente, en una sociedad que más se necesita cultivar la ética por el grave quebrantamiento de principios y valores sufrido en los últimos tiempos, la autoridad “educativa” erradicó la filosofía. Y entonces, ¿de qué nos quejamos ante tanto “degenere”, como el degradante espectáculo de sexo comercial que hubo el fin de semana pasado en Managua?

La razón esgrimida para justificar la erradicación de la filosofía de la enseñanza básica, fue que se iba a fortalecer el estudio de historia, geografía, matemáticas y asignaturas técnicas, pues los estudiantes sabían de Platón pero ignoraban quién fue Andrés Castro y qué importancia tuvo Rubén Darío. Además, se dijo en las fuentes del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes (MECD) —esto fue durante el gobierno del Arnoldo Alemán—, que de todas maneras la filosofía no desaparecería porque se diluiría en las materias de estudios sociales.

Pero también se dijo que la filosofía era maligna porque el régimen sandinista se fundó en una doctrina filosófica: el marxismo ateo. Obviamente, tales funcionarios desconocen que la perversión del totalitarismo no radica en sus pretensiones filosóficas, sino en sus ejecutorias materiales —económicas, sociales y políticas— liberticidas y deshumanizadas.

El MECD no hizo hasta ahora una evaluación de los resultados del fusilamiento de la enseñanza de filosofía, o no la conocemos. Pero a juzgar por lo que se observa a simple vista, en general los estudiantes siguen sin saber quién fue Andrés Castro ni qué importancia tuvo la obra de Darío, y ahora ignoran absolutamente todo sobre Platón. Y cada vez más jóvenes son arrastrados por la vorágine de la decadencia moral.

Es necesario señalar que no sólo en Nicaragua sino también en otros países se suprimió la filosofía, o sea que se despojó a la educación de su alma. Y en general se hizo por aplicar modelos pedagógicos prefabricados y estereotipados que son financiados por instituciones internacionales, que al parecer creen que la educación se moderniza formando personas bien tecnificadas, pero deshumanizadas y desalmadas.

Sin embargo, la modernización de la educación y de la sociedad no se logra sólo llenando de computadoras las escuelas. La filosofía es una cualidad esencial del proceso educativo, porque su misión es formar personas que sean capaces de desentrañar las complejidades del mundo en que viven, de discernir lo verdadero de lo falso, lo real de lo aparente, lo imaginario de lo concreto.

Desde siempre se ha sabido —y hasta ahora nadie ha podido demostrar lo contrario— que la filosofía tiene un gran sentido y alcance pedagógico, porque es lo que permite romper la inercia intelectual y por lo tanto ayuda a formar hombres y mujeres conscientes, constructores de un mundo verdaderamente libre; porque enseña a los estudiantes a pensar de manera crítica cuál es o debe ser el objetivo fundamental del proceso educativo.

En términos generales la enseñanza de la filosofía es necesaria para todas las sociedades, pero es mucho más importante en países donde apenas se está en la etapa de sembrar la cultura democrática. Tal es el caso de Nicaragua, en donde es notoria la falta de aprecio por la libertad, de respeto al derecho ajeno aún por parte de autoridades elegidas de manera directa o indirecta por el pueblo, de consideración a los principios cívicos y éticos —como la tolerancia, el amor al trabajo, el cumplimiento de la palabra empeñada y los contratos, etc.— que son los que hacen posible la convivencia social digna y pacífica.

Cabe recordar al respecto que el filósofo antifascista alemán Karl Jaspers (1893-1969), advirtió lúcidamente después de la caída del nazismo, que su país no se podría recuperar a menos que tuviera lugar una renovación sustancial de la sensibilidad política; lo que sólo se lograría mediante una educación fundada en la ética, en la filosofía.

Pero la advertencia de Jaspers era válida no sólo para Alemania, sino también para todos los países que sufrieron en mayor o menor grado la devastación material y espiritual del totalitarismo, como Nicaragua.

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