María Fernanda Flores de Alemán
He leído el artículo “Las Tres Marías”, que escribió la señora Cristiana de Lacayo, en la página de Opinión del Diario LA PRENSA en su edición del viernes 7 de noviembre del corriente, en el que enfatiza que al margen de las opiniones divididas que existen “nadie nos reconoce ni liderazgos, ni motivaciones de interés nacional, sino una completa sumisión a la agenda política y de negocios de Arnoldo Alemán”, quien es para nosotras un prisionero político de Enrique Bolaños y un rehén del FSLN.
Sobre el particular debo decir que pese a la línea editorial de este medio, al que respeto porque comulgo con la libertad de expresión y del cual soy suscriptora, nunca he leído de la señora de Lacayo otra cosa que no sean posiciones políticas que nada tienen que ver con el ejercicio periodístico y un odio enfermizo hacia mi esposo y nuestra familia, y de ahí que no comprenda que si no somos tan importantes como manifiesta el artículo, se tome el tiempo para referir temas que la misma escritora descalifica.
Sin el ánimo de polemizar, me permito hacer propio el derecho a la defensa y reiterar que el único propósito que me anima, más allá de las posiciones políticas de la señora de Lacayo en contra de mi familia, es la de ver libre a mi esposo y poca importancia otorgo a consideraciones ajenas a esta causa indeclinable.
No obstante, me llama la atención que siendo la articulista de mi propio género conceda tan poco valor al derecho de la mujer a ser parte directa o indirecta de la política cuando el esposo está metido en ella a tiempo completo, aún así sea hoy un prisionero político.
En lo particular, me considero una mujer con la capacidad de asumir cualquier reto que la vida me ponga, lo he dicho en reiteradas ocasiones, no tengo aspiraciones políticas. Pero si ése fuere el caso recuerde la señora de Lacayo que ella, desde la visión de otro cristal, es otra “María” y en ese sentido debo recordarle que su padre fue político, que su madre a la sombra de su esposo en 1979 fue integrante de la Junta de Gobierno sandinista y que en 1990, por esa misma sombra, alcanzó la primera magistratura del país y que por efectos del poder omnímodo e ilegítimo de su marido, ella la señora de Lacayo fue putativamente la Primera Dama de la Nación, aunque, claro, Primera Dama ilegítima.
En esa misma época la señora de Lacayo fue capaz de llegar a la posibilidad de un divorcio en la búsqueda de la candidatura de su esposo, fenómeno curioso al cual los sociólogos llaman corrupción nepótica y oportunismo político subordinado a los intereses de un poder familiar muy ecuménico, pues hasta entre los vástagos beneficiados caracterizaba una pluralidad política muy representativa donde habían sandinistas, pronalistas, tal es el caso de la señora de Lacayo y hasta contras que pertenecieron al Directorio de la Resistencia.
Nosotros podemos andar por cualquier parte del territorio con la frente en alto y nos fortifica la solidaridad y cariño de quienes se nos acercan porque saben que somos personas honorables. Sin embargo, no puedo decir lo mismo de quienes viven agazapados, escondidos entre las paredes de una casa o ignorándose ante el resto de la sociedad.
A mi esposo y a nuestra familia le han dicho de todo, pero nadie ha sido capaz de probar nada en este proceso político en contra nuestra. Pese a todo somos públicas porque en la lucha de liberar a mi esposo, al padre de dos de “Las Marías”, de esas Marías a las que me sumo como amiga y con quien sostengo una relación familiar de respeto y solidaridad, relación que muchas familias con vínculos sanguíneos en Nicaragua no la tienen y por el amor que le profeso a mi esposo, damos el rostro todos los días ante los medios de comunicación y no sólo a través de escritos políticos que esporádicamente aparecen para enterrar pecados insepultos a flor de tierra.
Estas tres Marías respetamos como mujeres a la ex presidenta Violeta Barrios, pero si de tirar piedras al techo ajeno sabiendo que el nuestro es de cristal se trata en esas intrigas, cuechos y confidencias que escribe quien sin dudas las usó, debería estar reflejada la quiebra del Banades y del Banco Popular, el fruto de las privatizaciones de los ingenios, el desmantelamiento del Ferrocarril y de sus rieles, la defenestración de un contralor por hacer lo suyo, la política de cañonazos que doblaban la conciencia de algunos legisladores, el “pollogate” que abrió fronteras a su autor, la anulación vicepresidencial por el poder tras el trono, la pérdida anual de millones y millones de córdobas por el mal manejo administrativo, y así, una gama de delitos que recogen los diarios de la época y que son fácilmente refrescables a través de cualquier hemeroteca, y sin dejar a un lado, el apoderamiento de toda la industria avícola, mataderos, granjas, fábricas de alimentos, etc.
No me interesa hurgar el origen, bajo y cobarde de donde proviene el concepto de “Las tres Marías”, pero sí debo decir que la fe mariana ante la que hemos consagrado y entregado nuestras vidas, nos ha dado suficiente amor como para sobrellevar el dolor y la tragedia y que nuestras horas de reflexión las utilizamos para que nuestros adversarios no sufran y para que aquéllos que sí lo padecen lo sufran menos.
La autora es ex Primera Dama de la República.