Sexo y transporte

Carlos Cárdenas

Nada que ver con el significado habitual de la primera palabra del titular de este artículo, sino más bien una forma de enfoque a lo que podría representar un aporte al inicio de solución a lo que se da en llamar el problema del transporte. Me refiero a la conducta y proceder de buseros y taxistas, que tantos comentarios han suscitado en los últimos meses.

El conductor de bus, es por lo general —y me perdonan los honorables conductores de buses que no caen dentro de esta definición conceptual— un tipo marginal, de conducta agresiva, tomador habitual, violento, de lenguaje procaz, vulgar, desobligado e irrespetuoso de las leyes y las personas (recuerden a los célebres Parrales Vallejos). Espero con esta descripción psico-social no haber exagerado mucho, pero la verdad es que jamás me he encontrado con alguno diferente a la descripción.

Actualmente se dice que se piensa educar a los taxistas. Sinceramente no creo que tal medida pueda brindar resultados suficientemente satisfactorios a corto plazo. Todo proceso educativo da resultados sólo a mediano y largo plazo. ¿Cómo educar en moral, urbanidad y buena conducta a quien nunca ha recibido educación de ninguna clase? En nuestro ambiente el nivel medio educativo del sector transporte es sumamente reducido. Esto tiene que cambiar. Es necesario que el nivel educativo del aspirante a conductor de servicio público se eleve hasta una base mínima que garantice un comportamiento y conducta más adecuadas con el delicado oficio que desempeñan.

En un artículo reciente Fabián Medina nos recordaba las diferentes medidas que se han tratado de implementar, como son el color del taxi, las bahías de parada, las luces interiores encendidas, el “chaineado” de los choferes, etc. Y nada resulta ¿Por qué? Por sus santos h… pareciera que fuese un asunto de quién pulsa más.

Mi sugerencia, y lo digo con mucha seguridad y vehemencia, sería brindarle a las mujeres, al “sexo débil”, a las madres solteras, a las universitarias, a tantas y tantas mujeres que requieren de un trabajo digno, la oportunidad de entrenarse en ser conductores de taxis, y en especial de buses urbanos e interurbanos. El beneficio para el pasajero sería de incalculables dimensiones. Por asuntos de género la mujer no padece de explosiones de testosterona, y por ende no es igualmente agresiva. Su comportamiento social va acorde con su condición de mujer, de madre, de ser dulce y mucho más tolerante.

Esto no es nuevo. En muchos países la mujer es la mejor opción en el transporte público, y aún en el transporte pesado. Obviamente, este artículo de opinión no será del agrado de muchos “machos”. Y es tradicional la idea que se tiene de que la mujer es “perica”, que no conduce bien, que es miedosa; pero ese miedo, tras el volante, se convierte en precaución. Todo es asunto de entrenamiento y sin duda resultarán ser excelentes conductoras y sus debilidades (si las tuviesen) serán sus más grandes fortalezas.

Si realmente existe la intención de hacer un cambio que mejore efectivamente el transporte en nuestro país, hay que considerar la condición humana del género, que caracteriza el comportamiento masculino. Éste es el momento ideal de adoptar medidas radicales que beneficien a todos. Podríamos ser un excelente ejemplo en Latinoamérica. ¡Adelante!

El autor es médico.

Editorial
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