La convención liberal

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La convención liberal





La convención extraordinaria del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), que se celebrará este domingo 26 de octubre en Managua, reviste a nuestro juicio una gran importancia y no sólo para los miembros y simpatizantes de ese partido, sino para todos los nicaragüenses, tanto los que pertenecen a otros partidos como los que no siguen a ninguno de ellos.

El PLC ha demostrado convincentemente, en las últimas dos elecciones nacionales —de 1996 y 2001—, que es el partido mayoritario; además, legalmente es el partido gobernante del país, aunque el Presidente de la República, Enrique Bolaños, se haya distanciado de él; y por otro lado, junto con el FSLN el PLC controla los poderes del Estado, con excepción del Ejecutivo, de manera que es un factor determinante en la vida de todos los nicaragüenses, inclusive de quienes lo repudian y de los que son indiferentes a la política nacional.

De manera que nadie puede estar al margen ni a salvo de lo que hace el PLC; y lo que ocurra en su convención del domingo próximo tendrá que afectar, de una u otra manera, en primer lugar a los liberales pero en general a todos los nicaragüenses.

Como se sabe, en esta convención extraordinaria del PLC se elegirá de manera anticipada una nueva directiva del partido, para satisfacer la voluntad del ex presidente Arnoldo Alemán, quien a pesar de estar encarcelado y de enfrentar un proceso judicial por graves cargos de corrupción, sin embargo mantiene una hegemonía aparentemente absoluta sobre el partido, y ahora quiere deshacerse de los directivos que no se someten a sus designios e intereses personales.

Pero el convicto ex Presidente liberal no sólo se propone que la convención extraordinaria del PLC escoja como nuevos directivos del partido sólo a individuos que le sean fieles y se sometan incondicionalmente a sus dictados; también pretende hacer abortar desde ahora la pretendida candidatura presidencial de Eduardo Montealegre, actual Ministro de Hacienda del presidente Enrique Bolaños. Y pretende, además, despejar el campo para ser él mismo —Alemán— el candidato liberal en las elecciones presidenciales del 2006, o al menos ser el “gran elector” cuando el partido tenga que nominar al próximo candidato a ocupar la primera magistratura de la nación, que en este caso sería su propia esposa quien ya está siendo promovida por los más exaltados arnoldistas del PLC, que evidentemente añoran la tradición dinástica y nepótica del desaparecido régimen somocista.

Las aviesas pretensiones de Alemán son favorecidas por el FSLN y personalmente por Daniel Ortega, quien planea presentarse nuevamente como candidato presidencial y estima que Alemán, o cualquiera otra persona que éste imponga, sería más fácil de derrotar que un candidato liberal que no sea arnoldista ni tenga la mala fama de corrupto, como Eduardo Montealegre, quien según las encuestas tiene los más altos índices de popularidad política.

A su vez, para Alemán el mejor candidato sandinista sería Daniel Ortega, por la gran desconfianza que éste sigue inspirando a los electores no sandinistas, que son mayoritarios según lo han demostrado las tres últimas consultas electorales de carácter presidencial.

De manera que ambos caudillos, Alemán del PLC y Ortega del FSLN, tienen interés en favorecerse mutuamente. Y eso es lo que explica que una juez sandinista le facilitara a Alemán las condiciones apropiadas para controlar la convención liberal desde la cárcel en la que se encuentra, y es muy probable que más adelante la misma juez o los magistrados sandinistas lo pongan en libertad mediante cualquier subterfugio legal; mientras que, a cambio, los magistrados arnoldistas han facilitado la aprobación de fallos judiciales que favorecen en gran medida los intereses políticos y económicos del FSLN, como en el caso del Iniser.

Así se practica la política en Nicaragua. Y por eso es que los partidos y los políticos están tan desprestigiados entre la población, lo que es deplorable, particularmente en el caso de los liberales que constituyen el partido más antiguo del país; que el próximo año conmemorarán el 150 aniversario de la fecha en que Máximo Jerez lo constituyó bajo la bandera roja, y que por su decanatura política debería ser un ejemplo de rectitud, integridad y sabiduría, pero que en la realidad es todo lo contrario.

Editorial
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