Luis A. Villalta Morales
Según la mitología griega, Pigmalión era un rey chipriota que tomó un bloque de piedra que estaba entre los desechos y comenzó a esculpir la estatua de una mujer. Cada día se dedicaba a la estatua un cierto tiempo y poco a poco se fue enamorando de la figura que trabajaba. Mientras más tiempo se dedicaba a la estatua, más se enamoraba de ella y al final creyó que la estatua era más hermosa que todas las mujeres de la tierra, por lo que comenzó a pedir a los dioses que le infundieran vida, deseo solicitado con tanto anhelo y pasión que le fue concedido. La estatua ya convertida en mujer correspondió al amor del rey Pigmalión.
Más adelante en la historia se acuñó el término “efecto Pigmalión”, aplicado al área de educación, en la que según pruebas de los expertos, los estudiantes obtenían mejores rendimientos y más desarrollo personal en la medida en que las expectativas de sus educadores sobre la capacidad de los estudiantes eran mayores. Esto fue comprobado a través de una serie de experimentos en los cuales se les practicaban test de inteligencia a estudiantes con dificultades escolares y se les comunicaba a las familias y al profesorado resultados falseados, en los que los muchachos aparecían como mucho más inteligentes de lo que en realidad puntuaban en el test. La consecuencia fue que estos alumnos pasaron a ser los más destacados en clase mostrando una inteligencia por encima del promedio y los estudiantes se sintieron más capaces.
La moraleja que el efecto Pigmalión arroja es: “Ten altas expectativas de alguien, hazle creer que le sobra capacidad para satisfacerlas y las verás cumplidas”. Hago estas reflexiones para trasladar las enseñanzas de este efecto a nuestra realidad nacional, caracterizada por los problemas que no es preciso que mencione ni detalle puesto que de esto se encargan hasta la saciedad los medios de comunicación y sólo voy a mencionar uno, el principal, según mi opinión: pobreza.
De acuerdo al efecto Pigmalión, el primer paso o proceso a cumplir para que esta sociedad pueda salir de la pobreza es la credibilidad en nosotros mismos y en nuestras capacidades. El que no cree en sí mismo, difícilmente podrá alcanzar las metas que se ha planteado. Sin embargo, en nuestra sociedad hay todo un contexto de pensamiento negativista que orienta a la ciudadanía hacia el pesimismo y falta de confianza en el futuro. Se difunden y comentan más los fracasos que los éxitos; los avances no son noticia, no se venden; se hace más énfasis en que el 70 por ciento de los ciudadanos son pobres y lo repetimos y repetimos hasta la saciedad. Se discuten a fondo las causas responsables del 70 por ciento de los pobres pero nunca se discute cuál es la razón de que el otro 30 por ciento no sea pobre. No hay énfasis en que hay gente que está siendo muy exitosa aún en este ambiente. Se dice que el 99 por ciento de los políticos nicaragüenses son malos pero nunca identificamos al uno por ciento de los buenos, aunque cueste un poco. Se fotografían y publican fotos de barrios sucios, pero nunca de los limpios. Se sabe mucho de los funcionarios públicos corruptos, que fueron pocos, pero poco de los honestos que son muchos, de los taxistas maleantes pero no de los honrados, y así sucesivamente estamos empeñados en crear un clima en el que resulta difícil creer que los nicaragüenses somos buenos y capaces porque nosotros mismos escondemos nuestras fortalezas y éxitos.
¿Cómo construir un ambiente nacional positivo en el que se pueda crear la confianza en nosotros mismos? ¿Cómo hacer creer a los nicaragüenses que les sobra capacidad y recursos para salir de la pobreza? ¿Cómo hacer creer a la gente que si cada quien cumple su responsabilidad Nicaragua tiene buen futuro? ¿Cómo creer que de un pedazo de piedra desechada se puede crear una linda mujer como hizo Pigmalión?
Ésas son las preguntas de los cien pesos y alrededor de ellas se debería crear un consenso nacional de cómo recuperar la confianza en nosotros mismos y volver a tener el orgullo nacional y optimismo por el futuro, disminuido por los fracasos que como sociedad hemos tenido en los últimos veinte años.
Los medios de comunicación, con el inmenso poder que han logrado obtener, tienen una importante responsabilidad ciudadana en este sentido. Empecemos a difundir y creer firmemente que los nicaragüenses tenemos futuro como sociedad.
El autor es funcionario público y catedrático de la Universidad Thomas More.