Carmela de Barbosa
Es absurdo pensar que el objetivo de la educación sexual es solamente adquirir conocimientos y práctica sobre los fenómenos sexuales.
Una información técnica de ese género orientada exclusivamente a la parte biológica, puede muy bien producir enormes daños si se ejercita en un momento falso y por procedimientos equivocados, puede echar falsas raíces y deformar el desarrollo de la personalidad, incluso puede bloquear la sexualidad porque es excitada en un momento inoportuno.
Es importante que el joven comprenda que ese instinto sexual es un impulso limpio y noble del que puede hablarse sin hipócrita vergüenza. Deberá educarse sexualmente a la juventud pero sin olvidar qué formación no es de ningún modo y en ningún momento sinónimo de información, ya que el formar implica inculcar una serie de conceptos que permitirá a cada uno hacerse dueño de su propia vida sexual. La iniciación de la educación sexual. ¿A qué edad a un niño de 4 a 6 años le basta la contestación a ciertas preguntas, con una respuesta con información veraz y no detallada? ¿A los 8, a los 12 años, entre el cine, la TV, las ciencias naturales, la literatura, el internet, etc?
Han investigado bastante por su propia cuenta, por lo tanto requieren otro tipo de explicación, con una mayor base real y científica. De 13 a 17 años hay que hablarles de la finalidad del amor y del sexo, de la importancia de la vocación matrimonial y en general de los desórdenes sexuales, teniendo en cuenta que los jóvenes se convertirán en hombres y mujeres.
Hay que hacerles ver que la sexualidad es un auténtico regalo de Dios y una realidad que perfecciona a la persona y que por tanto, hay que comportarse con responsabilidad. Para hablar de estos temas hay que crear un clima de amistad y confianza.
La sexualidad humana es primariamente más vida psíquica que instintiva. La sexualidad humana no es búsqueda o satisfacción de un placer, es la inquietud de un ser que quiere sustraerse a la estabilidad estancada que le impide madurar, es la tensión que empuja continuamente hacia una autonomía más completa, es la aspiración a poder amar con alegría oblativa, es llegar al otro con una personalidad abierta al don de sí mismo.
P. Sastre decía: “El amor es una cualidad de intercambio y la sexualidad existe para oponerse a la soledad peligrosa del ser humano”. En Génesis 2 18-24 dice: “La sexualidad existe para hacer juntos un camino en tiempo y en el espacio”.
El educador no puede pensar o imaginar que la educación se dirige solamente a una virtud concreta, su tarea ha de ser la de hacer converger toda la personalidad hacia su total madurez afectiva.
La autora es médica y sicóloga.