Luis Sánchez Sancho [email protected]
El primero de octubre de cada año, los antiguos romanos celebraban la gran fiesta de Fides, la diosa de la buena fe y protectora de los acuerdos, pactos y compromisos privados o públicos.
El templo de Fides estaba en la principal de las siete colinas de Roma, el monte Capitolio, al lado del de Júpiter porque los romanos consideraban a éste no sólo como el dios supremo, sino también, específicamente, como guardián de la fe jurada.
Los romanos representaban a Fides con la figura de una anciana de porte severo, de pie, con un velo en la cabeza y en la mano una Cornucopia (el mítico cuerno de la abundancia). Pero Fides se veneraba en todas partes de Roma y a veces aparecía con un cesto de frutas en la mano, o una adormidera (planta de la que se saca el opio), una imagen de la Victoria (la esbelta damita alada coronada con laureles), un timón, un globo teniendo encima al Ave Fénix (el pájaro fabuloso que cuando había vivido quinientos años hacía un nido para morir abrasado por el fuego, pero renacía de sus cenizas, y así por siempre).
El primero de octubre se juntaban los sacerdotes de Júpiter, Marte y Quirino e iban al templo de Fides, que fue construido por Numa Pompilio, el legendario segundo rey de Roma, o sea el primero después de Rómulo. Numa dictó numerosas leyes basadas en principios religiosos, fundó los colegios sacerdotales de los augures, vestales y pontífices, instituyó los cultos a Júpiter y Fides, sustituyó el rústico calendario de diez meses con el de los 12 meses lunares, estableció las fechas de las fiestas, así como de los días fastos (conmemoraciones de hechos memorables) y nefastos (conmemoraciones luctuosas o funestas), y en fin, modernizó a Roma de manera irreversible.
En el interior del templo de Fides había un santuario en el que se guardaban los más importantes documentos públicos, grabados en tablillas de bronce. Y el primero de octubre los sacerdotes llegaban montados en un carro conducido por dos hermosos caballos, y ofrecían a Fides un sacrificio con la mano derecha (símbolo del compromiso o acuerdo) cubierta con un lienzo blanco, que a su vez simbolizaba el secreto de la palabra empeñada.
Los antiguos romanos, que como se sabe fueron los creadores de los principios fundamentales del derecho que rigen hasta hoy las relaciones jurídicas entre las personas y las naciones, concedían una gran importancia a los contratos y, por lo tanto, para ellos el culto a Fides era primordial. Desde entonces Fides es fe, fidelidad, lealtad, promesa, palabra de honor y fe pública.
En el derecho moderno la fe es el “crédito que se da a una cosa por la autoridad del que la dice, o por fama pública”, señala el autorizado Guillermo Cabanellas, y agrega que es “palabra que se da o promesa que se hace con cierta solemnidad o publicidad (y) certificación o testimonio sobre la veracidad o legalidad de un acto o contrato, (así como) fidelidad en el cumplimiento de las promesas”.
Fides es obviamente lo que más falta hace en Nicaragua, a fin de que de verdad impere el Estado de Derecho, para que las instituciones resplandezcan de transparencia y la gente tenga confianza en invertir, hacer negocios y trabajar sin temor a que la sigan estafando bajo el amoral concepto de “firmar me harás, cumplir jamás”.