Roberto Morales M.
El TLC entre Centroamérica y Estados UUnidos (Cafta) no se limitará a asuntos económicos y comerciales, porque los temas políticos como transparencia y corrupción institucional tienen un peso importante en las negociaciones. Los gobiernos centroamericanos no podrán atraer inversión norteamericana sin antes asegurar que en sus países existe transparencia institucional y que la corrupción gubernamental desapareció.
En Nicaragua estos temas no representan problema porque el presidente Bolaños está inserto en ellos desde que fue Vicepresidente del país. En efecto, mientras Transparencia Internacional ubicaba a Nicaragua como el segundo país más corrupto del mundo, y Alemán y sus más cercanos socios se apoderaban del tesoro público y de los recursos de la cooperación internacional, él dirigía la Comisión de Transparencia Institucional del Ejecutivo, y repetía que no había visto nada y que la corrupción había que demostrarla.
Ahora el presidente Bolaños tiene en el Gabinete a ministros que lo fueron también del corrupto Gobierno de Arnoldo Alemán, a personas que han malversado fondos del Estado, a funcionarios que han percibido megasalarios, además de sueldos extras y un sinfín de beneficios que en los países más desarrollados no se obtienen; y por si fuera poco, tiene más de setenta parientes en cargos públicos importantes, entre otro sinnúmero de perlas.
En el orden de transparencia, evidentemente Bolaños no tiene problemas porque destapó las súper dietas y los megasalarios convirtiéndolos en legales y transparentes, siendo esto un gran avance, sobre todo con su “pequeño” sueldo mensual de US$ 12,000 y una pensión (doble sueldo como funcionario público), de ex Vicepresidente.
En la actualidad Nicaragua se ubica entre las naciones más pobres del hemisferio. El informe del PNUD, Desarrollo humano en Nicaragua del 2002, indica que 45.8 por ciento de los 5.4 millones de nicaragüenses viven desde hace más de diez años en condición de pobreza, mientras que el 15.1 por ciento se encuentra en la extrema pobreza. Otros estudios aseguran que la pobreza abarca más del 70 por ciento de la población.
Bajo este deprimente marco, la encuesta de M&R demostró que un gran número de nicaragüenses no sabe qué es un Tratado de Libre Comercio. Sin embargo tienen puestas sus esperanzas en él, especialmente si se trata de negociar con el Gobierno de Estados Unidos, por la generosa y excesiva propaganda engañosa del gobierno de Bolaños. El estudio, arrojó que más de dos tercios de los abordados no saben qué es o representa un TLC, pero aseguran que traerá grandes beneficios al país incrementando las exportaciones, trayendo inversión, generando empleo, fortaleciendo la democracia, entre otros. Si el Gobierno demuestra con ejemplos específicos, con cifras reales, dónde se verían los puestos de trabajo, qué empresas están interesadas en invertir, se podría creer. Mientras tanto son sueños de grandeza y mentiras, nada más.
Nicaragua un nuevo problema para introducir la carne en el mercado norteamericano, porque a pesar de contar con el beneficio de no pagar impuestos por exportarla a EE.UU., ahora deberá pagar impuestos gracias a la genialidad de gravar las exportaciones cárnicas. No hay que olvidar que la carne representa el principal rubro para la exportación de Nicaragua y se estima que sustenta alrededor de 500 mil empleos a nivel nacional. Inclusive, los TLC ya firmados con México y Dominicana no han traído beneficios al sector cárnico, muy por el contrario han generado problemas por la faltad de voluntad política en Dominicana y la falta de puestos de inspección sanitaria en frontera con México.
En este mismo sentido, un nuevo descubrimiento para los negociadores del Cafta ha sido la calidad sanitaria de los productos, a pesar de haber sido advertido desde el inicio de las negociaciones. Los jefes no ven la luz al final del túnel, no obstante las advertencias sobre los impedimentos, y aún así han seguido adelante, llegando al tope del estancamiento. En este mismo orden se encuentran el acceso a los mercados, estándares de regulaciones fitosanitarias y las redes de protección en contra de sectores no favorecidos con el TLC. Estos problemas también estuvieron voceados, pero me pregunto algo más importante: ¿y el sector agrícola? ¿Qué importancia le están dando ahora?
Definitivamente, Nicaragua no está preparada para el Cafta. Es necesario aprender primero a caminar antes de correr. Se debe estar preparado sobre todo en los sectores donde ni siquiera somos competitivos, y donde somos competitivos tenemos que estar listos para la fuerte lucha que vendrá.
El Congreso norteamericano está interesado en la transparencia institucional y se ha mencionado que será un aspecto que analizará cuando le presenten el documento final del Cafta, para su aprobación. Ésa será la última esperanza de que no sea aprobado, en virtud de la corrupción y la falta de transparencia.
El autor es jurista en Derecho Internacional.