La sociedad que en realidad hay que construir

Alfonso Efraim Castellón Ayó[email protected]

Inspirado en un artículo escrito por el Secretario Adjunto de Estados Unidos para Asuntos del Hemisferio Occidental, señor Roger F. Noriega, deseo hacer un humilde aporte a nuestra cultura política al comentar lo expresado por dicho funcionario.

Señala el señor Noriega que: “Las oportunidades abundan en las Américas, no solamente para construir un área de comercio que abarque a 800 millones de consumidores y 14 trillones de dólares en PIB, sino también… una comunidad de naciones amistosas que compartan un compromiso común con la democracia, la libre empresa y un crecimiento económico amplio”.

Los Estados Unidos ven con buenos ojos y hasta sorpresivamente cómo el euro se consolida en Europa. Y no pueden menos que tratar de liderar a las naciones americanas hacia fronteras de comercio, progreso y democracia, reguladas por reglas de derecho comunitario. Desean una relación comercial amplia.

La llave es el régimen democrático. No pueden los países en vías de desarrollo subir al tren de la historia sin antes democratizar las instituciones. O sea que el caudillismo asfixiante tiene que pasar a formar parte de la historia política.

Los caudillos son obsoletos. Fueron importantes en ciertos momentos duros del acontecer nacional: independencia, guerras civiles, revolución liberal, “lomazo”, dinastía, y finalmente una revolución traicionada por unos ingratos que tuvieron en sus manos el poder y la gloria, pero destruyeron todo lo que encontraron a su paso.

Hoy día todo eso es historia. Nos enfrentamos a una verdadera nueva era que nos lleva en el Área del Libre Comercio de las Américas (ALCA) a comercializar nuestros productos dentro de un inmenso mercado, que requiere del productor controles de calidad bajo estrictas normas, como lo exige una sociedad de consumo. Para lo cual no estamos preparados.

Pero no es imposible. Si queremos y nos lo proponemos podremos competir. Contamos con una mano de obra calificada y barata. Esto es una ventaja. Lo que no podemos perder de vista es que Estados Unidos urge de seguridad en la región. Estamos cerca de sus fronteras.

Señala el señor Róger F. Noriega que Nicaragua está trabajando estrechamente con Estados Unidos. Enfatiza en la seguridad regional, lucha contra el contrabando de inmigrantes, trata de personas, tráfico de drogas, en fin, ajuste de medidas para relaciones cortoplacistas entre el imperio y Latinoamérica, después del cobarde atentado del 11 de septiembre del 2001.

Se entromete en forma abierta con Nicaragua al señalar directamente el mal gobierno del pasado (Gobierno de Alemán). Ni modo, ellos pueden. Y viéndolo bien, esa intromisión no es como la hecha por Rusia, Libia, Irán, Irak, Cuba y otros satélites del imperialismo soviético, en tiempos del sandinismo. La de Estados Unidos deja sus frutos.

Noriega enumera los objetivos de EE.UU. en el Hemisferio Occidental usando frases como “vecinos exitosos, democráticos y estables”, “fronteras seguras”; animándonos a “invertir en las personas “para generación de empleos y combatir a la pobreza”, para suavizar el discurso. Invita a la creación de una comunidad democrática comprometida con las metas del crecimiento económico y la libre empresa —a crecer juntos como un Hemisferio— en clara alusión a la implantación de una nueva relación EE.UU.-Latinoamérica, con posiciones más humanas y denominador común: el desarrollo regional. Nos convierte en parte de sus intereses. (Ellos no tienen amigos).

Es una versión americana de la Unión Europea en el Hemisferio Occidental. Vale la pena leer detenidamente el artículo del señor Noriega, publicado en LA PRENSA del 25 de agosto de 2003, titulado Construyendo sociedades.

Comienza una nueva política entre los Estados Unidos y Nicaragua, en base al derecho comunitario. El respeto a la dignidad y soberanía nacional, para poder construir la sociedad nicaragüense del tercer milenio, es elemental. La verdad: nos hemos ganado este derecho.

El autor es abogado y notario.

Editorial
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