Un pueblo de sísifos

Adolfo Bonilla

En la época de la dictadura dinástica-militar somocista, cada vez que las centrales sindicales que no estaban de acuerdo con el orden de cosas (como la CGT-I, el MOSAN y la CTN) crecían en militancia y fuerza sindical eran reprimidas de diversas maneras hasta reducirlas a la mínima expresión y éstas tenían que volver a hacer todo lo posible para recuperarse y volver a crecer, para luego enfrentar de nuevo a las fuerzas represivas que hacían que regresaran a su estado anterior, de tal manera que el sindicalismo autónomo e independiente recomenzara otra vez.

Luego, esta dialéctica se trasladó al resto de la población de tal forma que aparentemente se ha instalado en Nicaragua una sociedad en eterno despegue. Por ejemplo, cuando el somocismo llegó a agonizar, el pueblo empezó a ver algo así como una luz al final de un túnel que produjo una inmensa explosión de alegría.

Pero en poco tiempo esa luminosidad comenzó a apagarse hasta el grado de convertirse en otro túnel aún más oscuro y más estrecho que el anterior. Posteriormente (en 1990) se llegó a un momento en que volvió a aparecer ese resplandor esperanzador cuando casi como por arte de magia se encontró la forma de iluminar de nuevo ese túnel tenebroso y encender nuevamente la chispa de la ilusión en la ciudadanía.

Pero, ¡horror de horrores!, el pueblo sigue sufriendo estoicamente los mismos males de siempre: falta de empleo, de alimentación, de salud, de educación, de esperanza de algún día mejorar su situación. Éste ha sido un túnel donde han desaparecido varias generaciones sin la oportunidad de salir a la luz del día.

Van borrando lo anterior para comenzar de nuevo. Resultado: siempre se está comenzando, siempre se está en despegue.

¿Qué es lo que pasa? ¡Lo mismo de siempre! Se ha hablado de todo: de un nuevo hombre, de una nueva Constitución, un nuevo Estado, un nuevo sistema, una nueva sociedad y últimamente de una nueva era, todo lo cual significa que quienes van llegando al Gobierno van borrando lo anterior para comenzar de nuevo (“borrón y cuenta nueva”). Resultado: siempre se está comenzando, siempre se está en despegue. Nunca se lleva nada hasta el final para disfrutar ningún logro.

Podría afirmarse que Nicaragua se ha convertido en un pueblo se sísifos: cuando se cree que se ha llegado a la cúspide de la loma —empujando cuesta arriba la mole— y se piensa que ahora si se va a descansar y saborear el fruto de semejante esfuerzo, la piedra vuelve a rodar hasta el plan y hay que empezar a impulsarla hacia arriba. ¿Es alguna maldición de la cual no hay escapatoria o existirá alguna manera de romper el conjuro? ¿Será una cadena perpetua para el pueblo o habrá algún modo de suspender la condena? ¡Quién sabe!

Lo que sí está claro es que cada quien tiene que poner de su parte para emprender colectivamente un nuevo derrotero donde prevalezca la comprensión, la tolerancia mutua, donde cada organización o institución (gubernamental o privada) asuma su verdadero papel con justicia y solidaridad, anteponiendo los más elevados principios y valores ciudadanos y humanos a las pasajeras personalidades. No hay que dejar solos a los “políticos” porque seguirán haciendo lo mismo. Si el pueblo no responde podría significar que es un pueblo masoquista que le encanta que lo sigan aplastando; pero no, el nicaragüense no es ningún eunuco, lo cual ha quedado harto demostrado.

El autor es escritor y periodista.

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí