Presencia de PJCh en la historia de Nicaragua

Ana María Ch. de Holmann

Hace unas pocas semanas, entre papeles me encontré un artículo escrito hace muchos años por Edgar Castillo “Koriko” para conmemorar uno de los aniversarios del martirio de mi hermano Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en el que exaltaba su persona como ciudadano, como hombre público, con todos los atributos que se pueden mencionar a alguien que deja sus huellas al partir de este mundo y esa huella fue luminosa y proclamada por el pueblo,

Koriko decía: “Era un hombre inteligente, trabajador de tiempo completo. No le gustaba la mentira, era todo un caballero, digno y honrado, inclaudicable, buen cristiano y sobre todo muy hermano”.

Con estas pocas y sencillas palabras describe a Pedro Joaquín quien fuera su asistente por muchos años, Koriko, uno de nuestros compañeros de trabajo, uno de los más fieles a la trayectoria de LA PRENSA a través de su inquebrantable lucha por la libertad. Koriko nos relata sus anécdotas y sus costumbres en el trabajo y su comportamiento con los demás compañeros de trabajo y termina su relato así: “Alguien que conoció bien su trayectoria, escribió lo siguiente: ‘El pueblo nicaragüense jamás lo podrá olvidar, su pensamiento claro, su pluma valiente, sus dones de honestidad y su condición patriótica, es algo que permanecerá imperecedero en la historia de nuestro pueblo’”.

No fue sólo Koriko, que fuera su compañero de trabajo y por lo tanto pertenecía a la familia de LA PRENSA, quien hace esta distinción de honor a Pedro Joaquín, sino también muchas personas, como el escritor Jorge Eduardo Arellano, quien lo eleva a “Prócer y forjador de la nación”, entre los que con sus ideas y acciones ejemplares esculpieron y contribuyeron a construir una sociedad mejor.

Uno de estos personajes históricos escogidos entre quince, para ilustrar las páginas de este Diario en las recién pasadas Fiestas Patrias, fue Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, notas tomadas del libro Héroes sin fusil escrito por el mencionado historiador. En realidad eso fue Pedro; su fusil fue la pluma, la que disparaba día a día —cuando no había censura—, su trinchera fue el periodismo, señalando la corrupción, la reelección, la confusión Estado-partido, el uso de los bienes del Estado para beneficio personal, el abuso de poder, en fin todo lo que es usual en los gobiernos dictatoriales.

Una de las columnas de opinión dedicadas a quince personajes históricos, se titulaba PJCh: de principios y pasiones, escrita por Jorge Eduardo Arellano, quien señalaba que: “Pedro Joaquín Chamorro Cardenal fue heredero y epígono de una familia prócer y patricia, enquistada en las raíces de la República”.

Su empeño fue siempre construir una República, desde su “República de papel”, como la forjaron sus antepasados: Fruto, Pedro Joaquín, Emiliano, Diego Manuel, Fernando y Rosendo, todos Chamorro, quienes contribuyeron con innumerables y valiosos aportes a construir la incipiente democracia de Nicaragua.

Pedro Joaquín, desde su juventud organizó grupos políticos con el objeto de hacer conciencia, sobre todo en la juventud, a la que dirigía sus reflexiones: “El dilema de los jóvenes es arduo, pero no complicado: o están con el pasado lleno de vicios y rencores, repleto de lucro sin límite, ausente de sentido social y cristiano, oscurecido por una sola meta que es el enriquecimiento a toda costa, aún usando bienes del Estado, o están con el presente que debe ser encauzado hacia lo contrario, es decir, a extirpar rencores, a concluir con las explotaciones, a llenar la vida de sentido social, a impedir el enriquecimiento ilimitado de unos pocos y a lograr de cualquier modo una justa distribución de la riqueza nacional”.

Organizó varios movimientos, según las circunstancias que vivía el país, emprendiendo por medio de éstos campañas cívicas de oposición a la dinastía somocista. El último de esos movimientos al momento de su asesinato en el que había logrado la unidad pluralista de todos los partidos y movimientos políticos: Unión Democrática de Liberación (UDEL), modelo que sirvió junto con el sacrificio de Pedro para desplazar al somocismo y luego, con esta misma unidad de todos los partidos, el derrocamiento del régimen sandinista por medio de los votos en 1990.

Sigue diciendo Arellano en su artículo: “Chamorro Cardenal era un hombre de principios y pasiones que daba la cara en permanente indoblegable actitud contestataria, acrecentada con el temple y el valor personal que poseía en grado sumo. Y esa actitud o acción política, una de las más intensas que haya vivido un dirigente de nuestro tiempo, la desarrolló entre dos organizaciones, a cuya fundación contribuiría más que nadie”.

Apenas a sus casi 54 años que le fue arrebatada su vida, Pedro Joaquín había delineado su sueño: una República en libertad de expresión, en orden constitucional, austeridad, honestidad, alternabilidad, respeto y honradez en las arcas públicas, todo lo que redunda en beneficio social y político para todos.

A veces, muy a menudo, pareciera que su empeño, tenacidad y sacrificio, para cristalizar su sueño, que es el sueño de todos para tener una República, fue inútil. Hoy, después de 25 años de su martirio y al cumplirse los 79 años de su natalicio, seguimos con la esperanza de ver cristalizado su sueño.

Pedro sigue siendo centinela y guía con su huella luminosa. ¡Qué hermoso es oír frases como todas éstas que se han dicho sobre Pedro! Él ya ha escalado al sitio de los héroes.

La autora es hermana de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

Editorial
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