José Adán Rodríguez Castillo
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Los peregrinos de una a la otra Nicaragua
José Adán Rodríguez Castillo
El 22 de diciembre de 1972 en Nicaragua todo tenía dueño: el comercio, las áreas de producción, los empleos. El Gobierno también tenía dueño, los Somoza. Los nicaragüenses se preparaban para festejar el advenimiento del Todopoderoso y no imaginaban el advenimiento de un terremoto que repercutiría en todo el componente económico, social y político del país. Con el terremoto todo cambió, los precios que estaban inalterables como el valor adquisitivo de la moneda, un galón de gasolina andaba por los tres córdobas, los productos de consumo popular no necesitaban de un ente regular para controlar los precios, era otra Nicaragua, monótona y estática.
Con el terremoto, considerado por muchos que causó menos daño que la guerra popular, este fenómeno vino a hacer transformaciones en los componentes antes mencionados y pasamos a hacer otra Nicaragua. No se hizo esperar la ayuda internacional, muy generosa por cierto en cantidad, que despertó el apetito ambicioso del presidente del Comité de Emergencia, el general Somoza, quien entró de lleno a competir con la empresa privada en el comercio, la producción arrocera, azucarera, ganadera, naviera, portuaria etc. Esto motivó un fortalecimiento de los sandinistas y su acercamiento a un grupo de intelectuales y empresarios llamado Grupo de los Doce, formando después un Frente Amplio de Oposición de corte cívico. Irónicamente en el año que cayó la dictadura fue el más bonancible en la historia de las exportaciones alcanzando una cifra que no ha sido superada.
Recién derrocado el gobierno de Somoza por el pueblo conducido por los sandinistas, ya era posible advertir una tendencia peligrosa hacia la desnaturalización de la economía, el desajuste social y las contradicciones paralizantes entre los actores. La desviación y el sentido de los programas acusaban exactamente los mismos males que más tarde alcanzaron dimensiones gigantescas y casi inmanejables.
La peligrosa inclinación hacia una economía y una sociedad artificial mantenida por el flujo creciente de las donaciones de gobiernos que querían incidir de alguna manera en el rumbo político del nuevo gobierno, y de centenares de grupos de solidaridad, a la par de las donaciones y la generosa aprobación de préstamos, hoy a dos décadas y media las previsiones negativas y amenazadoras se han cumplido. La economía y la estructura social del país entraron en una peligrosa desviación y deformación que le quitaron rápidamente todo carácter orgánico, que las hicieron frágiles, falsas y totalmente dependientes del flujo de dólares que captaba el país.
No pudo y no podía el país absorber útilmente y digerir las desbordadas inversiones y que en esa forma no podía alcanzar un crecimiento orgánico y estable, semejante al de los países en desarrollo que han alcanzado por medio del trabajo, el ahorro, la disciplina social y el aumento constante de la productividad.
Nicaragua atraviesa ahora una grave crisis política, económica y social. Crisis de transformación y deformación, fundamentalmente económica que repercute en lo social y que se ha complicado en lo político. Hay una Nicaragua de la mayoría pobre, otra de la minoría beneficiada; una Nicaragua de la aldea campesina que sigue teniendo el aspecto de pobreza y de descuido, y otra de la ciudad con bellos edificios, centros comerciales lujosos, hermosas avenidas con derroche de luminarias, con una vida nocturna muy activa, que cualquier persona extraña que no conoce el verdadero estado del país se preguntaría: ¿Dónde está la pobreza? Somos los peregrinos que vamos de una a otra Nicaragua, sin saber todavía a dónde.
El autor es productor.