Luis Sánchez [email protected]
Cuando escribí sobre Júpiter –a quien su madre, Cibeles, salvó de morir devorado por su padre, Saturno—, me comentó doña Anita Chamorro que a su juicio el significado de ese mito es la lucha feroz por el poder, inclusive padres e hijos, y por otra parte el rechazo de la mujer-madre al aborto.
Según los mitologistas, el principal simbolismo del mito de Saturno (Cronos en la mitología griega) es el sentido destructor del tiempo, la significación de que todo lo que nace de la materia sólo temporalmente sirve de soporte al espíritu inmortal. De manera que Saturno es el tiempo cuya hambre devoradora de la vida destruye sus propias creaciones.
Por su parte, Cibeles (Rea en la mitología griega) es la Madre común de la humanidad, diosa de la Agricultura, protectora de las ciudades y guardadora de la energía y los tesoros de la Tierra, ante todo de sus hijos que ella no permite devorar, es decir, abortar. De manera que tiene razón doña Anita.
Saturno era hijo de Urano y de Gea, y hermano de Titán, quien por ser primogénito le correspondía la sucesión de su padre en el poder. Pero Gea tenía predilección por Saturno y convenció a Titán de que renunciara a su derecho de primogenitura. Titán aceptó, pero a condición de que Saturno matara a todos los hijos que le tuvieran, con la idea de que al desaparecer su hermano de cualquier manera, él y sus hijos (los Titanes) podrían tomar el poder.
Por su parte, Saturno, para impedir cualquier posibilidad de que hubieran otros aspirantes al poder divino, además de devorar a sus hijos castró con una hoz a su padre, Urano, cuya sangre al caer al mar y mezclarse con la espuma marina, formó a la incomparablemente bella Venus.
Sin embargo Cibeles lograba salvar a sus hijos mediante diversas argucias. Andando el tiempo Titán se enteró de que había descendientes de su hermano Saturno que podrían adueñarse del poder. De manera que se alzó en armas contra Saturno, lo derrocó e hizo prisionero en las profundidades de la tierra. Sin embargo, cuando Júpiter fue mayor luchó contra los Titanes y los venció, y pudo liberar a su padre y restablecerlo en el trono.
Posteriormente Júpiter se rebeló contra su padre y lo echó del poder. Entonces Saturno huyó hacia el Lacio (Italia) donde fue bien acogido por el legendario rey Jano, el que tenía dos rostros, uno adelante para mirar el futuro y otro atrás para no perder de vista el pasado. En el Lacio Saturno se enamoró perdidamente de la hermosa Filia, y para poseerla se transformó en caballo, engendrando así al Centauro Quirón, padre de todos los Centauros.
Saturno enseñó a las tribus latinas la agricultura y las artes manuales e industriales, y fue entonces que advino la época feliz que los antiguos llamaron la Edad de Oro, en la que no habían leyes ni tribunales, todos respetaban las costumbres y se querían entre ellos, la tierra producía toda clase de frutos sin necesidad de ararla, sólo había el tiempo de primavera y reinaban la abundancia, la felicidad y la paz.
Los romanos celebraban en honor de Saturno y recuerdo de la Edad de Oro las grandiosas fiestas Saturnales, que empezaban en lo que ahora es 16 de diciembre y duraban varios días. Las saturnales fueron las antecesoras de las fiestas navideñas establecidas mucho tiempo después por los cristianos, en honor del nacimiento de Jesús.