Violencia sexual

Martha Verónica Rosales Rivera

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Violencia sexual


Martha Verónica Rosales Rivera




Cuando salen a la luz pública hechos como el recientemente conocido a través de los medios de comunicación, de violencia sexual hacia niñas y adolescentes, no se hacen esperar comentarios a favor o en contra de víctimas y victimarios, que van desde quienes consideran el hecho como una violación a los derechos fundamentales de las adolescentes y condenan al explotador, hasta quienes responsabilizan a las adolescentes y justifican a quienes son señalados como implicados.

En muchas ocasiones la sociedad estigmatiza a las víctimas haciéndoles sentir culpables, o no dan crédito a su palabra, generando en las adolescentes vergüenza, aislamiento y deterioro de su autoestima.

En las situaciones de explotación sexual comercial, el desconocimiento de las personas acerca de su dinámica de ocurrencia así como la visión que se tiene de niñez y adolescencia como personas que mienten, lleva a eximir casi de manera automática la responsabilidad del explotador, atribuyéndola única y exclusivamente a la niña y su familia. Se invisibilizan las consecuencias que la violencia sexual genera en las niñas violentadas; en su sexualidad, autoestima, desarrollo de su identidad, relaciones interpersonales, como si de alguna manera la remuneración económica o de otra índole “recompensa” el daño sicológico producto de la agresión sexual.

Como miembros de la sociedad debemos hacer un análisis más crítico de este tipo de situaciones a partir de los factores que contribuyen a que exista violencia y ubicar a las niñas y adolescentes desde su condición de personas, reconociendo los derechos que como tales les corresponden y que están contemplados en la Constitución de la República y el Código de la Niñez y la Adolescencia.

Bajo ningún punto de vista se puede responsabilizar de la violencia sexual a la niñez y la adolescencia cuando la misma responde al abuso de poder que prevalece en las relaciones entre las personas adultas, en su mayoría hombres, quienes la ejercen hacia las mujeres niñas y niños. Este ejercicio abusivo de poder se sustenta en valores y normas culturales, sociales, económicas y políticas. En una sociedad patriarcal y adultocentrista no se reconoce el respeto a la integridad de las personas menores de edad, el cuerpo de las niñas se convierte en objeto de mercancía para quienes de forma inescrupulosa atentan contra la dignidad de las personas. Se aprovecha la condición de vulnerabilidad social producto de la situación económica, de su condición de mujeres y personas menores de edad que como tales ocupan los últimos lugares en la estructura patriarcal.

A la comunidad, la escuela, las instituciones, les corresponde brindar protección especial a la niñez. Ellas deben ser referentes de protección y apoyo para las niñas, niños y adolescentes que pasan por situaciones de este tipo. Preguntémonos y reflexionemos: ¿cómo nos gustaría que se abordara esta situación de violencia si las niñas y adolescentes fueran parte de nuestra familia?

La autora es psicóloga del Centro Dos Generaciones.

Editorial
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