Tito Rondó[email protected]
Manager y scout legendario, en persona es muy amable. Lo encontramos con Danilo Fernández, compañero de colegio nuestro en el Calasanz de Managua (aquel del santo sacerdote Bruno Martínez, irrespetado por nosotros como “Benitín”, y del padre Jose Mínguez, quien a pesar de ser muy español impulsó con gran entusiasmo el beis).
“Dos managers del León”, lo saludó, ya que Danilo dirige a los Melenudos de la Liga Nica de Miami, la de Léster Avilés. “Y también del 5 Estrellas”, contesta inmediatamente Wilfredo Calviño. “El Ñato” ganó cuatro títulos en Nicaragua, de dos en dos. Con el León de Duncan Campbell, Leo Cárdenas, Conrado Marrero y “Borrego” Álvarez, en 1957-1958 (la tercera Profesional y primera invernal).
“Y teníamos a Isaac Seoane de receptor”, recuerda Calviño. Los Leones ganaron la primera vuelta, pero el 5 Estrellas se avivó y para la segunda mitad ya tenía a dos Grandes Ligas, Marvin Throneberry y George Washington Wilson. En la final los militares eran claros favoritos.
Los rugidores ganaron tres de los primeros cinco partidos, y en el sexto tenían ventaja de cuatro carreras en el noveno episodio, cuando el 5 Estrellas llenó las bases. Para sorpresa del estadio entero, Calviño ordenó la base intencional para Throneberry, impulsando una anotación y dejando los costales repletos.
Después explicaría: “Mejor que me hagan una y no cuatro”… (Aquí recuerda que en México pasó intencionalmente a Héctor Espino con bases llenas y ganando por dos carreras).
Trajo al zurdito Secundino Bonilla a enfrentar al también zurdo Wilson, quien elevó a la parte corta del jardín central, donde Campbell realizó el último out, el del campeonato.
Reforzado con Throneberry y David Jiménez, el León de Calviño se impuso a los Venados de Mazatlán mexicanos y al Vanytor de Colombia para ganar la primera (y última) Serie Panamericana.
En 1963-1964 llevó al 5 Estrellas de Rigo Mena, Evelio Hernández, Arturito López y Don Eaddy, reforzado con Campbell, Joe Hicks, el Cosaco Hernández, Willie Hooker y Enrique Izquierdo (Manuel Antonio Díaz “Copa Castillo” se había lesionado) al título sobre el Oriental.
Y en la Serie Interamericana coronó a los Tigres campeones del Caribe al vencer a los Tiburones de Mudel Mathews, Joaquín Portobanco, Rene Friol, José Ramón López, Dagoberto Blanco Campaneris y Ferguson Jenkins, al Marlboro panameño (Winston Brown, José Lizondro, Stanley Arthur, Leonardo Ferguson Martínez, Alberto “Mamabila” Osorio), y al Senadores de San Juan puertorriqueño. Este trabuco traía a Roberto Clemente, Orlando Cepeda, Juan Pizarro, Coco Laboy, Warren Hacker, Horace Clarke, José Pagan, Deacon Jones…
Al hablar de Portobanco pregunta por Heberto. Cuando se entera de que ya falleció una mueca de dolor se le dibuja en el rostro. “Le tenía mucho aprecio, éramos muy amigos”, comenta. Hablando de managers le comentamos que su nombre aparece por primera vez dirigiendo a Estrellas Orientales en República Dominicana en 1953. “Debe haber un error”, corrige. “Yo solamente jugué, era el segundo receptor. En Dominicana dirigí al Escogido, pero muchos años después de Nicaragua”.
Eso hace que le preguntemos por sus orígenes y comienzos como jugador. En eso llega Léster a tomarle una foto, y Calviño le dice de buen humor “oye, tómala de frente, para disimular la nariz!”. “El Ñato” nació el 20 de julio de 1927 en Guantánamo, provincia de Oriente, Cuba. Mide 5-10 y como pelotero pesaba 135 libras. Desde muy joven alternó con hombres ya hechos en las “Estrellas de Máximo”, y de ahí pasó al famoso “Artemisa”.
Joe Cambria lo firmó para los Senadores de Washington y estuvo en el Abilene y el Galveston, para comenzar. En Cuba perteneció al Cienfuegos, “pero casi no jugaba”, confiesa. “El titular era Rafael Noble, y era mucho mejor receptor que yo… y además mucho mejor que todos los catcheres cubanos de la época”. Un año, estando en México, se hizo muy amigo de Ted Williams, quien llego a dar unas clínicas tanto a los Diablos Rojos como a los Tigres. “Me contó que no tenía problemas para firmar el contrato. Le decía a Tom Yawkey, al dueño, nunca al gerente, ‘sencillamente dame lo mismo que los Yanquis le dan a Joe DiMaggio’…”.
Allí le llegó el llamado de los Astros de Houston antes de la temporada de 1968, necesitaban un shortstop para un año. Recomendó a Héctor “La Malita” Torres, héroe de Williamsport e hijo del ídolo “La Mala” (Epitacio). “No pensaste en Rigo?”, le preguntamos. “Claro que sí”, explica. “Pero ‘La Malita’ era en ese momento más joven y más rápido, y me pareció más adecuado para Houston. Los que crean que no aprecio a Rigo están muy equivocados, yo fui el que hice las gestiones para que el, Héctor Espino y Evelio Hernández terminaran 1964 en el Jacksonville (sucursal de los Cardenales de San Luis), donde Bobby Maduro era el gerente general.
Ningun short en la historia ha tenido el brazo de Rigo. Sacaba la pelota rápido, con potencia y con una puntería increíble, y desde cualquier parte del terreno y en cualquier posición del cuerpo. Pero no se dio, lástima”.
Décadas después se supo que el dueño del Monterrey, Anuar Canavati, no quiso pagarle a Espino, “El Superman de Chihuahua”, la parte que habían acordado, y la transacción se anuló.