Sobre sexualidad, laicismo y moral

Élida Z. Solórzano

¿Por qué ha causado tanta controversia el Manual de Educación de la Sexualidad del MECD y el FNUAP?

Por siglos las escuelas y comunidades han compartido la finalidad de construir, por medio de la enseñanza desde muy temprana edad, valores y carácter en la niñez. Se daba por sentado la enseñanza de la modestia, la moralidad sexual y la abstinencia hasta el matrimonio entre los jóvenes. Que existían casos de inmoralidad sexual de todas maneras, sí. Aunque haya claridad en las normas, siempre habrá quienes las quebranten. Pero había claridad.

En el pasado nicaragüense se enseñaba Moral, Cívica y Urbanidad y las familias nicaragüenses gozaban de mayor estabilidad y menor pobreza. La revolución cultural de los izquierdistas de los países “desarrollados” de la década de los 60 y 70 trajo consigo en forma muy acelerada el abandono de todos los valores relativos a la sexualidad, la familia y la convivencia. Esas costumbres tuvieron acogida por la izquierda de aquí en los años 80. Basta recordar la “educación sexual” que se dio en esa década. Ahora que la izquierda no está en el poder, la excusa es que “el Estado es laico”. Sin duda, que lo es. Lo ha sido desde tiempos del general Zelaya que también quiso que se diera Moral y Cívica en las escuelas. Un Estado laico lo que significa es que no existe una religión oficial. No significa que no debe haber moral. Nicaragua tiene una cultura que le viene de la fe cristiana que profesa por lo menos el 95 por ciento de la población. Esto es una guía para la moral de un pueblo.

La revolución cultural (algunos le llaman “sexual”) ha tenido consecuencias devastadoras tanto en las personas como en la sociedad mundial en general. Por ejemplo, en otros tiempos hubiera sido imposible encontrar en la portada de un periódico la asquerosa fotografía de un beso apasionado entre dos mujeres. Desgraciadamente han proliferado la promoción de la homosexualidad, los divorcios, embarazos adolescentes, abortos y mucho más. Se ha debilitado a la familia porque las dos personas que forman el matrimonio que es su fundamento, han perdido los valores del autocontrol, la fidelidad, la honestidad, el respeto, la responsabilidad, la bondad y hasta la cortesía y resulta que la calidad del matrimonio depende de los valores del hombre y la mujer que lo forman.

Igualmente el mundo ha sido testigo del crecimiento en forma rampante de las llamadas Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) y el VIH/SIDA, que en algunos lugares alcanza niveles de epidemia. La respuesta de los países desarrollados fue introducir en las escuelas la “educación sexual libertina” impregnada del mensaje de “reducir los riesgos” pero no de eliminar la conducta riesgosa. Lo importante era evitar los embarazos y las ITS con anticonceptivos y condones. Allí la moral no cabe y es prohibido guiar con claridad a los adolescentes para que logren posponer su vida sexual hasta el matrimonio. ¿Por qué creerán que el adolescente no puede controlarse? ¿es que no se cree en su inteligencia? ¿por qué se trata así lo riesgoso sexual a diferencia de cómo se enfrentan los riesgos de las drogas, alcohol y tabaco en los adolescentes? El autocontrol es necesario para toda la vida.

Esta educación sexual libertina procura ser “neutral”. Su mensaje es: “Está bien si esperás hasta el matrimonio pero también está bien si no lo hacés, con tal que te ‘protejás’ con anticonceptivos y condones”. Algunos, queriendo ser más sutiles, dicen que “es mejor esperar hasta estar preparados”. Sin embargo, este mismo tipo de educación de la sexualidad es muy clara y vertical en sus directrices para promover una actuación sexual “menos riesgosa” por el uso de los anticonceptivos y el condón.

Por supuesto que el manual es controversial. El MECD escogió impartir una educación de la sexualidad libertina con toda la pobreza en valores y formación que ésta implica, además de los mensajes ambiguos o mentirosos que contiene. ¿Y esto iba a servir de ayuda para que los docentes “orientaran” a la niñez: a nuestros hijos, hijas y nietos? Se ha pretendido adoptar lo que en otros países ya se está abandonando porque la medicina resultó peor que la enfermedad.

Por todas estas razones ha sido un gran alivio y alegría la decisión del Presidente de la República, que dio instrucciones al MECD de retirar el manual y que sea revisado y consensuado para que refleje nuestros valores, costumbres y nuestra filosofía sobre la vida y la naturaleza cristiana de los principios éticos y morales. ¡Yo felicito a don Enrique por defender nuestra identidad cultural!

La autora es socióloga.

Editorial
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