Roman, Times, serif»>Forjadores de la nación
Dos caudillos entre luces y sombras
MÁXIMO JEREZ
Nació el 11 de junio de 1818 en la ciudad de León. Fueron sus padres don Julio Jerez y doña Vicenta Tellería.
Siendo muy niño sus padres se trasladaron a Costa Rica. Como ellos eran pobres y carecían de recursos para sufragar los gastos de su educación, un maestro comprensivo del deseo de Jerez de instruirse, le prestó facilidades para hacerlo sin costo alguno. Y al no poder comprar los libros necesarios, copió por entero un tratado que pertenecía a uno de sus compañeros de estudio.
Obtuvo el título de abogado en edad temprana. Llegó a dominar el latín y tuvo una ilustración poco común en su tiempo. Espíritu inquieto e idealista, fue abanderado en Nicaragua de los ideales de la Revolución Francesa.
En su juventud estuvo en Europa como Secretario de la Misión Diplomática a cargo del licenciado Francisco Castellón y más tarde acaudilló las guerras civiles en 1854, 1863 y 1869.
Era de carácter impulsivo, se dejaba engañar fácilmente, porque él era incapaz de engañar a nadie. Fue un espejo de honradez personal, pero no supo por freno a los desmanes de sus inferiores.
Como político tuvo gran influencia en los destinos históricos de Nicaragua. Participó como delegado democrático, junto con el canónigo Apolonio Orozco, en las conversaciones y firma del Acuerdo de Paz con las fuerzas del gobierno legitimista el 12 de septiembre de 1856. Firmada la paz se incorpora al Ejército del Septentrión formado por el general Tomás Martínez, para combatir a los filibusteros y sirve bajo el mando del general Ramón Belloso, jefe de las tropas salvadoreñas de auxilio. Después de la guerra ejerció el Gobierno Binario con el general Tomás Martínez.
Murió siendo Ministro de Nicaragua, en Washington, durante la administración conservadora del general Joaquín Zavala, en el año de 1881.
TOMÁS MARTÍNEZ
Nació en Nagarote el 21 de diciembre de 1820. Durante su juventud se dedicó al comercio. Viajaba en mulas desde León a Belice por Honduras y Guatemala. En Belice, con trabajo y economía logró hacer algún capital y se trasladó definitivamente a León, de donde viajaba con frecuencia a El Salvador y a los pueblos de Matagalpa.
Cuando estalló la revolución de 1854 resolvió alistarse en el ejército legitimista. Al dar muestra de su valor se le confió una columna destinada a pacificar Las Segovias. Poco a poco fue ascendiendo hasta ser nombrado General en Jefe del Ejército del Septentrión, cuando los nicaragüenses unidos combatían a Walker. Firmó el pacto de unión de los dos partidos y al finalizar la Guerra Nacional fue electo Presidente de la República con los votos de todos los nicaragüenses.
Máximo Jerez y Tomás Martínez se entendieron para salvar a Nicaragua y gobernar juntos un año (Gobierno Binario).
Como Presidente de la República, Martínez recibió el país en el más desastroso estado; no había agricultura ni relaciones con países extranjeros; no existían escuelas, institutos ni universidades. Todo lo destruido por la guerra tenía que rehacerse y todo lo llevó a cabo en diez años de gobierno y paz.
Fundó un buen número de escuelas para niños y, por primera vez en nuestra patria, escuela para niñas, en las cabeceras departamentales; abrió caminos que favorecieron el comercio; construyó el Puerto de Corinto; ordenó hacer el censo de la República y mando a trazar el mapa de Nicaragua.
El general Tomás Martínez falleció en León el 12 de marzo de 1873.
(Texto tomado y editado de la página electrónica del Mecd).