La reproducción de la pobreza

Fernando Centeno [email protected]

Los nicaragüenses más pobres no tiene acceso a la educación y no tendrán acceso a la educación mientras continúen siendo pobres.

Esta conclusión parece ser como una lápida sobre el futuro de más de la mitad de la población nicaragüense, que no pueden superar la crisis económica por falta de preparación, a la cual nunca pudieron llegar por la misma condición de ser pobres. Conclusión que es el resultado del primer ciclo de conferencia sobre educación y pobreza auspiciado por la Fundación Konrad Adenauer, con el objeto de sensibilizar más a los periodistas que cubren el área social sobre los temas de pobreza y sus diferentes relaciones con sectores de la vida nacional.

Exposiciones como la del doctor Silvio de Franco, Ministro de Educación; el ingeniero Telémaco Talavera, presidente de Consejo Nacional de Universidades (CNU) y el doctor Álvaro Banch, presidente de las universidades privadas, revelan información dramática sobre el retraso educativo y tecnológico en el cual nos encontramos y lo que es más grave aún, las pocas posibilidades de salir de él mientras se continúe atendiendo soslayadamente a la educación en medio de una batalla de instituciones y organismos por alcanzar más presupuesto.

No sólo tenemos uno de los índices de desarrollo más bajo de América Latina sino que también en nutrición y en escolaridad donde apenas llegamos a un promedio de 4.6 grados. Sólo el 3.2 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA) tiene educación técnica y el 4.7 por ciento educación universitaria.

La inversión en educación en Nicaragua es también una de las más bajas de América Latina: 71 dólares por año para primaria, 32 dólares para secundaria, 99 dólares para técnica y 900 dólares para los universitarios. El gasto promedio para un estudiante de educación básica en el año 2003 fue de 74 dólares mientras en Costa Rica fue más de 500 dólares y en los países industrializados llega a más de siete mil dólares.

El porcentaje del PIB que se invierte en educación en Nicaragua es de 1.3 por ciento, mientras en Costa Rica 5.5 y en Belice 5.3, diferencia que resulta más grave aún si consideramos que en los últimos años el Producto Interno Bruto (PIB) de Nicaragua no ha tenido sustanciales incrementos.

Son reveladores también los datos de que siendo Nicaragua un país de carácter agropecuario y con gran potencial para la formación de técnicos, sólo el uno por ciento de toda la población estudiantil sigue una carrera técnica lo que evidencia el fracaso de los planes de Inatec y una desacertada dirección por corregir este tipo de situaciones.

El panorama universitario no es tampoco halagador ya que tenemos 41 universidades tanto públicas como privadas con más de cien mil estudiantes y ofreciendo más de 400 opciones de estudios o carreras, proliferando especialmente las que resultan más baratas y las que menos se necesitan en el país.

La exposición de los rectores reproduce para la educación superior, el drama de los pobres en educación primaria y secundaria ya que sólo el 1.2 por ciento de esta población, que es la mayoritaria en el país, ingresa a las universidades y a pesar que hay más de 30 mil estudiantes becados, la deserción sobrepasa el 30 por ciento, siendo el claro reflejo de la crisis económica que padecemos y que afecta especialmente a niños, adolescentes y jóvenes que cada día pierden más oportunidades de poder salir de la pobreza en la que viven.

Si a todo lo anterior agregamos que el crecimiento poblacional en los hogares pobres (6.7 hijos por mujer) es tres veces mayor que en los hogares no pobres, estamos presenciando lo que el ministro De Franco llamó “la reproducción de la pobreza “reafirmando que son los pobres precisamente los que tiene menos acceso a la educación, situación que persistirá mientras continúen los actuales patrones educativos y no hayan cambios sustanciales en la educación técnica y políticas de población.

La aplicación de un dinámico plan nacional de educación que incluya sustanciales reformas en las educación tecnológica, primaria, secundaria y universitaria se hace necesario siempre y cuando se aparten los intereses personales y económicos de ciertos sectores que permanecen impasibles ante el drama que estamos presenciando.

El autor es periodista.

Editorial
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