El esplendor de Granada

Douglas Carcache [email protected]

Cuando un grupo de empresarios dijo la semana pasada que la ciudad de Granada tuvo más esplendor en los años 70 que ahora, porque antes hubo industrias y hoy el comercio es limitado, tuve la impresión de que ellos caminan mirando hacia atrás sin percatarse de las oportunidades con que tropiezan.

Recuerdo la Granada de los años 70, cuando las jabonerías Prego y Chamorro trabajaban a tope, cuando día y noche entraban a la ciudad camiones con algodón que procesaba la INA en épocas de cosecha, y en una casona cerca de La Merced decenas de mujeres escogían café del Mombacho que había sido despulpado y secado en patios del barrio La Islita.

No tengo a mano cifras que me indiquen si antes hubo más empleo que ahora en Granada. Lo más seguro es que haya menos hoy y que muchos talleres caseros sólo sean recuerdos, porque los zapateros, los sastres y los carpinteros han emigrado a Costa Rica. Sin embargo, creo que Granada está frente a oportunidades mejores y un nuevo esplendor con el turismo.

En una institución pública me dijeron que durante el año 2001 llegaron o pasaron por Granada 600 mil turistas. Suponen que la afluencia creció durante el 2002, pero todavía falta un método efectivo para medir la cantidad de extranjeros que visitan la primera ciudad fundada por los españoles en Nicaragua.

Los empresarios que se quejan, la mayoría comerciantes, ven poca clientela y les preocupa que las empresas distribuidoras de bebidas gaseosas y licores tengan sus bodegas a 17 kilómetros, en Masaya, donde es probable que paguen menos impuestos, vendan más o les resulte más fácil distribuir a otros poblados.

Parece que los quejosos están más pendientes de sus clientes tradicionales que de las oportunidades de un nuevo mercado. Tal vez los productos que ofrecen tienen poca demanda entre la población local y ninguna entre los extranjeros. Tal vez lo que necesitan es reorientar sus negocios hacia una nueva clientela: los turistas, extranjeros y nacionales.

Ciertas industrias de los años 70 terminaron por atraso tecnológico, cuando al comenzar los años 90 sus productos fueron superados por otros mejores de Guatemala, Costa Rica y El Salvador. La intervención del gobierno sandinista en los años 80 estimuló esa decadencia y después algunos empresarios cerraron las posibilidades de que resurgieran al negarse a invertir en la modernización.

Sin embargo, hay indicios de que la ciudad turística tiene capital, porque uno de los bancos registra que su sucursal de Granada es la que posee más depósitos, entre todas las que tiene en los departamentos del país, excluyendo Managua.

Además, decenas de extranjeros invierten en negocios ligados al turismo y compran casas antiguas a buen precio. Por algo lo hacen y sería triste que los empresarios granadinos se quejaran después de que los inversionistas extranjeros dominan la economía de su ciudad. Cualquier cosa podrán alegar, menos que no tuvieron oportunidades.

Editorial
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