Marte en el esplendor celestial

Justo Pastor Ramos

La tecnología moderna y los avanzados conocimientos matemáticos nos crearon las expectativa de observar a Marte, el planeta rojo, que discurriendo en su trayectoria elíptica, pasó a 55 millones 758 mil kilómetros de nosotros, lo que realmente constituyó “El suceso celestial del año 2003”. Marte, nuestro misterioso vecino (dios de la guerra de los romanos) ha propiciado intensas expectativas desde que el astrónomo holandés Christian Huygens realizó en 1609 el primer dibujo de su cuerpo y, más aún, cuando en la segunda mitad del siglo XIX, llamado “tiempo moderno” en el campo de la investigación telescópica, iniciando con Giovanni Schiaparelli entre 1835-1910, se elaboró el primer mapa razonablemente fidedigno el cual registraba algunos accidentes de la superficie de Marte, que Schiaparelli llamó canali, o cauces, que más tarde se conocieron como los canales marcianos.

En 1905 Percival Lowell reproduce imaginariamente la red de estos canales asegurando a la vez que en el planeta Marte existía una civilización altamente desarrollada por lo que, desde entonces, se popularizó la idea por descubrir la veracidad de dicha afirmación escrutando en las regiones del espacio sideral.

Hasta nuestros días, la conclusión ha sido que Marte es un mundo muerto menos denso que nuestra tierra, con un diámetro de 6,790 kilómetros; su componente principal es el dióxido de carbono, así como su masa es una décima parte de la tierra, su distancia media del sol es de 228 millones de kilómetros. “El año marciano es igual a 687 días terrestres, así como un día es igual a 24 horas con 37 minutos”, según la Gran Enciclopedia Didáctica Ilustrada Salvat.

En 1962 los rusos realizaron el primer intento de enviar una nave espacial a Marte, que fracasó al perderse todo contacto con la nave. En julio de 1965 la sonda americana Mariner IV pasó cerca de Marte y transmitió una pequeña información detallada que reducía la posibilidad de cualquier forma de vida. En 1969 los Mariner VI y VII sobrevolaron sobre su cuerpo antes de entrar en órbita solar. Después de éstos, el Mariner VIII falló por haber caído al mar luego de su despegue. En 1971 el Mariner IX alcanzó el éxito esperado al entrar en órbita el 14 de noviembre de este año, proporcionando una gran cantidad de información que registra mayores descubrimientos como la existencia de los satélites Fobos y Deimos y los misteriosos cráteres (valles marineris) de los que nos habla el doctor Jaime Incer Barquero.

A grandes rasgos, así es el planeta rojo-ocre, cuya cercanía de 65 millones 758 mil kilómetros, semejante a la alcanzada el 22 de agosto de 1924, nos entusiasma y nos asombra.

Indudablemente agosto fue el mes propicio para observar un contraste celestial en sus noches de belleza, despejada por la luz de las estrellas, los planetas y la luna; sucesos cósmicos, caracterizados muchos de ellos, por un cielo diáfano y sereno bajo el que podemos distinguir, entre las estrellas, figuras familiares que nos recuerdan los sueños y deseos de las antiguas culturas. El cosmos es una especie de registro arqueológico hablándonos de los intereses de generaciones pasadas que sustentaron arraigadamente sus creencias en un gran número de constelaciones que llevan nombres de animales, los cuales nos recuerdan nuestro pasado de cazadores-recolectores y, aún, nuestra actitud de agricultores.

La bóveda celeste —universo racional— entre el que circula Marte y todas las estrellas fue quizá la primera región donde la cartografía de las originales civilizaciones agrícolas determinó la información básica para establecer estaciones, días, años, fechas de siembras y de cosechas.

Finalmente así es Marte, así es la expansión celestial y así continuará la gloria de Dios en el esplendor de los cielos cuantas veces se produzcan eventos astronómicos, jamás contemplados y nunca olvidados y así, sin duda alguna, el hombre en su afán incansable de alcanzar nuevos conocimientos y, tal vez nuevos mundos, continuará escrutando el lejano firmamento.

Entretanto, nosotros decimos con el salmista: “Al ver tus cielos, obras de tus manos, la Luna y las estrellas que fijaste. ¿Quién es el hombre para que te acuerdes de él? Le entregaste las obras de tus manos, bajo sus pies has puesto cuanto existe. ¡Cuán majestuoso es tu Nombre en toda la tierra!…”.

El autor es historiador.

Editorial
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