Napoleón Chow
El Instituto Nicaragüense de Cultura a lo largo de su vida institucional, es decir, desde 1990 hasta la fecha y aún antes, cuando tuvo la categoría de Ministerio de Cultura, en la década de los 80 y aún más antes, cuando sólo era Extensión Cultural del Ministerio de Educación, desde la década de los 40, siempre ha carecido de grandes recursos presupuestarios, económicos y materiales, debido a las crisis o conocidas circunstancias por las que ha atravesado y atraviesa nuestro país.
Hubo décadas en que la cultura no era considerada entre la estructura estatal. Apenas nos reconstituimos de desastres naturales, económicos, políticos y sociales. Apenas estrenamos democracia. Y las demandas de los diversos sectores son descomunales.
Sin embargo, el actual INC es una de las instituciones más ricas y complejas del Estado. Compleja porque hay que comprender desde la burocracia, desde la sociedad civil y desde los diversos gremios artísticos y asociaciones culturales, que la acción cultural de Nicaragua, la creación, la preservación, la promoción y la proyección de nuestra cultura rebasa a la institución misma. Quienes producen la cultura en su dinámica particular y colectiva son el pueblo y los creadores de Nicaragua. Los artistas renombrados y también los artesanos anónimos que producen con fines utilitarios y lúdicos al mismo tiempo; los cantautores y también los editores, los medios de comunicación y las universidades, los intelectuales, los empresarios y los trabajadores; la clase política y asimismo la ciudadanía en general.
La cultura la hemos hecho entre todos y la tenemos que seguir haciendo todos y a diario. Es tradición, presente y porvenir. El INC es sólo un facilitador, una institución que a pesar de su reducido presupuesto es rica porque posee la abundancia y pluralidad de bienes culturales, tanto antiguos, prehispánicos y autóctonos, como modernos, universales y contemporáneos, que integran nuestro patrimonio y que nos corresponde salvaguardarlos tanto del tiempo y de los accidentes atmosféricos como de los depredadores y traficantes.
El INC es un protector del patrimonio cultural de la nación y, por tanto, de todos los nicaragüenses, aún de aquéllos que no entienden ni valoran nuestros deberes que ordena la Constitución de la República.
Estas responsabilidades no son de poca monta y requieren de muchos recursos, que no tenemos. De aquí que comprendamos la impaciencia y la inconformidad de algunas voces que se levantan demandando una acción cultural estatal más beligerante y más eficiente.
Comprendemos nuestras limitantes y respondemos con acciones. Hemos estado empeñados en un trabajo concienzudo, pero oculto, de diagnóstico del sector cultura, reestructuración administrativa y maximización de recursos humanos y materiales, instalación del Consejo Coordinador de Cultura, diseño de plan quinquenal de cultura y promoción de nuestro patrimonio vivo.
Hemos sometido la candidatura de El Güegüence a la UNESCO para que sea declarado patrimonio vivo de la humanidad; hemos restaurado el Convento y el templo de San Francisco, en Granada; la Casa Natal de Rubén Darío, en Metapa; hemos puesto en valor y hemos reabierto en las salas del Palacio de la Cultura las obras del Museo Julio Cortázar; seguimos con los Sábados de Artesaní; hemos hecho del Centro Cultural Managua la sede de la Casa de la Cultura Centroamericana; estamos atendiendo las ruinas de León Viejo, declaradas Patrimonio de la Humanidad en el 2000; hemos abierto el Palacio de la Cultura para que se encuentren los distintos grupos de la sociedad sin distingo de colores políticos o partidarios ni credos religiosos .
Desde hace varios meses hemos venido escuchando y admirando en videos por la televisión y las radios el trabajo musical del grupo llamado La Nueva Compañía de los hermanos Hernández; su trabajo nos sedujo y movió al reconocimiento, al comprobar que después de la obra fundadora de los maestros del Son Nica (Justo Santos, Camilo Zapata, Jorge Isaac Carballo, Víctor M. Leiva, Otto de la Rocha), de las difusiones y dimensiones de los hermanos Mejía Godoy, reconocidos en América y Europa, de la salsa y de los géneros libres de Luis Enrique Mejía López y Hernaldo Zúñiga, La Nueva Compañía, ha venido con la fuerza de la creatividad y novedad a reinterpretar la música e interrelacionarla con la danza y el paisaje de Nicaragua.
Esto demuestra y derrocha talento artístico, sensibilidad y gracia, que caracterizan al pueblo de Nicaragua. El trabajo de La Nueva Compañía en los inicios del siglo XXI, en este tiempo de globalización, ha consistido en ratificar, modernizar y sintetizar lo nacional. Ese derrotero lo señaló el mismo pueblo, los escuchas, el auditorio. Lo cual es una retroalimentación y un magno aporte, máxime cuando hay una voluntad de unión interna de las zonas culturales, cuando se juntan el sonido, los compases y melodías, con las imágenes de nuestra cultura religiosa popular, nuestras fiestas patronales que son matriz o patrón de cultura, que sirven para autoconocernos y para afirmar y exaltar en nosotros lo nacional, la valoración de lo nuestro, y atraer el turismo interno y externo.
Trabajo de unidad y difusión para que el mundo y Nicaragua sigan oyendo la música del Pacífico, el Caribe y el centro de Nicaragua. Música mestiza, indígena, criolla y afrocaribeña: sones nicas, sones de marimbas, sones de El Gueguence, atabales, tambores, sones de toros de nuestra fiesta brava, calipsos y cantares de palo de mayo, mazurcas, valses y polcas campesinas, montañeras, tan bellas como El grito del bolo, letras pícaras, humorísticas y festivas, refranes y juegos infantiles, tan llenos de poesía recordatoria e imaginativa.
Todo esto lo pedemos reconocer y disfrutar en los discos compactos titulados Que se rompan los fuegos, Polkacumbia, Y sigue el rancho ardiendo y Fiesta pinolera. La Nueva Compañía, que es promotora y creadora de arte, es decir, de cultura nicaragüense, tiene nombres propios: Juan José Sobalvarro Cano, Luis Danilo Rosales Altamirano, Marlon Isaac Hernández Benavides, Luis Manuel Estrada Obando, Odalhya Fernández Flashey, Roberto Amos González Noguera, Sergio Martín Bendaña Ruiz, José Antonio Ramírez Silva, Walter Alberto Hernández, Jimmy Daniel Paz, Róger Antonio Membreño Linares y Oscar Enrique Hernández Benavides.
Ellos deben seguir en su ministerio cultural que es más o tanto como el que ejercemos desde el INC. Ellos y todos los artistas de Nicaragua, con nosotros, debemos asumir la acción cultural. Ellos y todas las iniciativas privadas en pro de la cultura de Nicaragua articulamos el discurso cultural de la Nueva Era. Esa es tarea de todos.
Nicaragua está en buena compañía con La Nueva Compañía.
El autor es director del Instituto Nicaragüense de Cultura. Texto editado del discurso que pronunció en el acto de entrega de la Medalla de la Excelencia al conjunto musical La Nueva Compañía.