Soldaditos de plástico

Freddy Potoy [email protected]

Después que terminó la guerra en Nicaragua en 1990, pensé que las familias nicaragüenses por mucho tiempo no volverían a experimentar el dolor de ver partir a sus seres queridos a un frente de batalla, enviados por el Presidente de la República.

Pero el presidente Enrique Bolaños se encargó de reeditar la angustia, el dolor, el llanto de los niños, el miedo, la ira, el ocultamiento de información y lo que es peor, mandar como carne de cañón a los soldados del Ejército de Nicaragua a Irak donde la vida está en la mira de un fusil, en la espoleta de una granada o en un coche-bomba.

Jamás consideré que Bolaños, quien tanto criticó el régimen de los años 80 de los hermanos Ortega y demás comandantes sandinistas, también emularía ese sentimiento guerrerista que tanto daño causó en el pasado a las familias nicaragüenses y que ya habían superado los traumas del horror.

Para colmo, Bolaños, el Ministro de Defensa, José Adán Guerra; el vicecanciller Salvador Stadhtagen y el jefe del Ejército, general Javier Carrión, ocultan cuál es el país que donó dinero para que los soldados nicaragüenses fueran a Irak a una “labor humanitaria”.

Señor Presidente, si se precia de ser honesto, democrático y transparente en la administración pública, debe decir cuál es ese país que dio plata para que las tropas nicaragüenses fueran a uno de los lugares donde la sangre corre a cántaros.

Bolaños, Guerra, Stadthagen y Carrión, como no tienen un hijo o familiar cercano en las filas del Ejército de Nicaragua en Irak, hablan con la misma frialdad de los fusiles utilizados en Oriente Medio. Es terrible oír la famosa frase de Stadhtagen: “Riesgo calculado”. Este señor ni siquiera ha calculado si conservará su puesto de trabajo o será removido o sacado del Gobierno y habla de “riesgo calculado” sobre la situación de los soldados nicas.

El Gobierno debe responder cuál es la naturaleza del seguro de los soldados en Irak, a qué compañía se lo compraron, qué estipulan las cláusulas contractuales de la póliza, cuáles son los beneficios en caso que sufran un accidente, qué aspectos no están cubiertos en dicha póliza, entre otras cosas.

Bolaños y sus demás funcionarios argumentan que esta información no se puede dar porque se trata de un “asunto de seguridad nacional”. ¿Cuál asunto de seguridad nacional? El Ejército sabe que está ocultando información, igual que ocultó información la Policía Nacional en el escándalo de corrupción con el narcotráfico recientemente.

Cuando los militares mienten, no les queda más que esconderse en las faldas de la institución. Tanto Carrión como el poder civil, están obligados a aclarar qué pasa con los soldados, pues es con los impuestos de los contribuyentes que se sostiene el presupuesto de esas instituciones. El Gobierno ha actuado muy mal junto con el Ejército de Nicaragua. No deben jugar con el dolor de los familiares de los soldados ni con los soldados mismos. General Carrión, por el bien de los nicaragüenses y de su institución, no juegue a la guerra, no luce en estos tiempos. Y si quiere jugar a la guerra, compre sus soldaditos de plástico.

Editorial
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