Antonio Lacayo [email protected]
“También los 90 fueron una década perdida”” escribió Eduardo Enríquez el sábado 23 de agosto en su columna Blanco y Negro de LA PRENSA. “En la última década de democracia hemos estado recibiendo préstamos o donaciones, ¿qué se hizo la plata? Se la robaron”, asevera Eduardo sin sustentar su afirmación.
Como miembro del Gobierno que gobernó el país durante la primera mitad de esa década, siento que debo aclarar estas afirmaciones que, por venir del jefe de redacción del diario más prestigiado que tenemos, pueden dañar la reputación de personas que sirvieron al país con honestidad.
En la década de los 90 en Nicaragua se eligieron dos gobiernos muy distintos las dos veces que fuimos a elecciones nacionales. La primera vez se eligió a una señora sin partido, de profundo compromiso con la causa de la democracia en la que su propio esposo había dado su lucha y la vida. Doña Violeta escogió luego a un equipo de hombres y mujeres que, sin más lealtad que al proyecto democrático, le ayudamos a gobernar por encima de intereses partidistas.
La segunda vez se eligió a un político caudillista, de abierto compromiso con su partido, que gobernó en función de un proyecto personal y partidario de enriquecimiento ilícito por el cual hoy guarda prisión.
Los resultados de ambas gestiones jamás podían haber sido los mismos. Mientras en la primera mitad de esa década, la mitad que no perdimos, el gobierno democrático de doña Violeta logró impulsar a Nicaragua hacia delante en muchísimos aspectos de la vida nacional, el gobierno partidario de Alemán destruyó el avance institucional emprendido por el gobierno de doña Violeta y las posibilidades de un mayor desarrollo económico.
Mientras nosotros bajamos la deuda externa a la mitad de lo que era, Alemán la aumentó, y además creó una inmensa deuda interna que hoy sofoca a nuestra economía. Mientras nosotros aumentamos las exportaciones a más del doble del año más bajo, y dejamos un PIB creciendo al cinco por ciento, éstas escasamente subieron durante Alemán, quien heredó un PIB creciendo apenas un uno por ciento. Y mientras nosotros aumentamos 35 por ciento la matrícula de estudiantes de primaria y secundaria durante nuestro gobierno, ésta sólo subió 21 por ciento durante el gobierno de Alemán.
El resultado final fue sin duda desalentador. Por eso comprendo el estado de ánimo pesimista de Eduardo. Pero son dos gestiones de gobierno muy distintas. Nuestro pueblo lo tiene claro cuando en las encuestas de opinión sube cada vez más alto a doña Violeta mientras hunde cada vez más hondo al ex presidente Alemán.
Con respecto al manejo de los fondos públicos, es justo reconocer que en nuestro gobierno hubo quienes abusaron de su cargo y que cometieron actos de corrupción gubernamental. Sin embargo, esos abusos nunca fueron bendecidos por las altas autoridades del gobierno, y menos aún compartidos por ellos. En el gobierno de doña Violeta jamás se le señaló a ella el más mínimo asomo de esa corrupción, y tampoco se demostró nada concreto en los muchos señalamientos que a mí se me hicieron como cabeza del Gabinete de Ministros. En contraste, la cabeza misma del gobierno de Alemán guarda hoy prisión por corrupción abrumadora, y varios de sus ministros huyen de la justicia o esperan agazapados a que la atención siga concentrada en los robos presidenciales y no haya tiempo para investigar los robos ministeriales.
Cuando doña Violeta hizo entrega del gobierno al ex presidente Alemán jamás se mencionó en esos meses ni un solo caso de anomalía, ni grande ni pequeña en las instituciones, ministerios y entidades que componen el Poder Ejecutivo. La entrega fue tan ordenada, con inventarios detallados, archivos completos y recibos formales, que nunca se conoció el más mínimo reclamo, la más pequeña queja, la más ínfima inconformidad por la forma en que el gobierno liberal recibió los bienes estatales de parte del gobierno democrático en el que tuve el honor de servir.
Párrafo especial merece el tema de los donantes que Eduardo menciona en su artículo, pues mientras la cooperación internacional nunca decayó durante nuestro Gobierno por sospechas de malos manejos o síntomas de corrupción, la misma cooperación disminuyó a niveles sumamente bajos al final del gobierno de Alemán, muy a pesar de la solidaridad generada por el Mitch en 1998. Ya para entonces era evidente la abierta corrupción con que el gobierno de Alemán manejaba los asuntos públicos y las donaciones.
Mientras nuestro gobierno le dejó al gobierno de Alemán 636 millones de dólares contratados de donaciones y créditos de la comunidad internacional para que su gobierno pudiera trabajar bien desde el primer día, y hacer obras de progreso, Alemán le dejó las arcas vacías al gobierno de Bolaños en este rubro.
En referencia a esta nueva década que hemos iniciado con el presidente Bolaños, creo que no la vamos a perder, como teme Eduardo. Al limpiar la corrupción de su predecesor, Bolaños nos está posibilitando retomar el camino. El CAFTA, con todos sus grandes peligros e importantes posibilidades, es un inmenso desafío que pronto nos pondrá en una nueva realidad como nación. Con corrupción en la cabeza del Gobierno estaríamos en peligro de perder esta oportunidad. Libres de liderazgos corruptos, al menos tenemos un chance de salir adelante. De todos nosotros dependerá.
El autor fue ministro de la Presidencia.