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CAFTA: dudas, mentiras y verdades
Del 15 al 19 de septiembre se celebrará en Managua la séptima ronda de negociaciones del Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y Estados Unidos (CAFTA, por sus siglas en inglés). Y al respecto, líderes de las organizaciones “populares” que se oponen a los TLC han anunciado manifestaciones de protesta en las que participarán agitadores profesionales traídos de otros países centroamericanos.
Sin embargo no parece posible que las organizaciones de masas sandinistas puedan generar una grave situación de violencia callejera, pues desde las asonadas contra el gobierno democrático de doña Violeta Barrios viuda de Chamorro, y en el primer año del ex presidente Arnoldo Alemán, ha decaído notablemente la capacidad del FSLN para causar desórdenes. En todo caso, hay que esperar a ver qué pasará a mediados de septiembre, cuando se reúnan en Managua los negociadores del CAFTA.
Dicen los opositores al CAFTA que éste “traerá desempleo, dependencia alimentaria, desmantelamiento de la producción nacional”, mientras que su propuesta alternativa (¿?) “buscaría traer ocupación, mejoría de los niveles de ingreso en el país y fortalecimiento de la producción nacional”. Pero los grandes males que dicen traería el CAFTA a Nicaragua son los que hay ahora en el país, y fueron traídos precisamente por las políticas económicas estatistas, la planificación central, el paternalismo económico y demás medidas de la revolución de 1979-1990 que los “anti-caftianos” proponen como alternativa.
Es muy difícil creer que los actuales gobernantes y los negociadores del CAFTA quieran por gusto causarle al país y a ellos mismos los daños (desocupación, desmantelamiento de la producción nacional, hambrunas), de que los acusan los enemigos del libre comercio internacional. Y en cuanto a que Nicaragua no está preparada para las exigencias del libre comercio internacional, es indiscutible que no lo está, y que nunca lo estará. Pero retrasar por cinco o diez años la participación en el CAFTA no prepararía al país sino que lo condenaría a un atraso mucho mayor que el que ya tiene ahora en relación con los demás países centroamericanos.
La verdad es que, a juzgar por las realidades y no por las fobias ideológicas y las estrategias políticas, la participación en el CAFTA sería mucho más beneficiosa que perjudicial para Nicaragua, independientemente de que algunos sectores económicos y productores atrasados se verían afectados, pero en cambio otros muchos progresarían.
México y Chile, que en los últimos diez años han aprobado y practicado tratados de libre comercio con Estados Unidos y otros países altamente desarrollados —a pesar de la cerrada oposición izquierdista, igual que aquí—, han tenido resultados muy positivos. Según informaciones oficiales, México ha aumentado sustancialmente su producción avícola y porcina e incrementó notablemente el consumo de proteínas en las clases más pobres; ha mantenido bajos niveles de inflación; ha atraído cuantiosas inversiones extranjeras que crearon muchas fuentes de trabajo; y redujo los ciclos económicos negativos en beneficio de la mayoría de la población, al disminuir el nivel de pobreza.
Costa Rica, que también se ha incorporado audazmente al libre comercio internacional tiene ahora un 58 por ciento de sus inversiones extranjeras procedentes de Estados Unidos y el 40 por ciento de sus exportaciones van hacia ese mismo mercado. Costa Rica exporta a Estados Unidos más que todos los demás países centroamericanos juntos. Y además, esa participación le ha permitido fortalecer sus relaciones internacionales, hacer efectiva la lucha contra la corrupción, establecer reglas del juego económico claras, transparentes y aplicables, profesionalizar las empresas nacionales y mejorar su capacidad productiva y competitiva.
Pareciera incomprensible, pues, que existan personas que dicen interesarse por los pobres pero que se oponen a que el país aproveche esas posibilidades que ofrece el CAFTA. Y la única explicación es el temor de unos al cambio, la modernización, la competencia y la eficiencia; y el aferramiento de otros a sus dogmas izquierdistas.
El cambio que necesita Nicaragua pasa inevitablemente por la inserción en el comercio libre internacional. Lo que no excluye que los negociadores nicaragüenses del CAFTA hagan todos los esfuerzos posibles para defender el interés nacional, proteger las conveniencias defendibles de los productores nicaragüenses, y persuadir al socio desarrollado a firmar un tratado basado en los principios de libertad y equidad que él sustenta y proclama.