¿Una ley contra las pandillas?

Sapjha Hamad E. y Darvyn Centeno M.*

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¿Una ley contra las pandillas?


Sapjha Hamad E. y Darvyn Centeno M.*




A diario leemos, escuchamos y vemos en los diferentes medios de comunicación que producto del ataque de pandillas pierden la vida una, dos o más personas, las que en muchas ocasiones nada tenían que ver con ese violento grupo.

En los últimos días se ha producido un debate sobre la necesidad de elaborar y aprobar una ley contra las pandillas en Nicaragua, similar a la que se pretende tener en Honduras.

Más que una ley en contra de las pandillas porqué no nos preguntamos si no sería mejor una ley a favor de la juventud o a favor de la vida, ya que la situación de Honduras es totalmente diferente a la que vivimos en Nicaragua y los esfuerzos que se hacen aquí son mayores por tratar de rescatar a los jóvenes de los grupos que se han organizado, algunos de ellos para cometer delitos y que se conoce con el nombre de pandillas.

En este esfuerzo no sólo está involucrada la Policía, sino que también los padres de familia y algunos organismos, entre otros que pretenden dar respuestas integrales y alternativas para que los adolescentes y los jóvenes tengan otras oportunidades y soluciones ante la falta de empleo y opciones que le permitan eliminar el ocio que es el peor consejero de la juventud.

La falta de infraestructuras deportivas, de promoción, de capacitación y de empleo son realidades que debemos enfrentar y hacer esfuerzos para superarlas. A esto debemos agregar la crisis de valores que se manifiesta especialmente en la falta de autoridad de los padres, en un país donde el 23 por ciento de los hogares son dirigidos por una mujer, y en general la falta de responsabilidad de los adultos sobre los niños y adolescentes y que son a su vez las principales causas que provocan que éstos se involucren en actividades de licor y drogas y que posteriormente se manifiestan en grupos denominados pandillas.

Hace varios meses, en Honduras, durante una riña en uno de los centros penales, más de 50 jóvenes miembros de las llamadas maras o pandillas murieron en un enfrentamiento en el cual salió a relucir todo tipo de armas, lo que da la medida de la alta peligrosidad de estos grupos en aquel país, ya que en una situación similar en el centro penal de Tipitapa —el pasado 12 de junio— hubo un muerto 6 heridos y un lesionado, lo que revela también la diferencia en el tratamiento de los privados de libertad y los sistemas de readaptación social que se practican.

En nuestra ley del Sistema Penitenciario Nacional y de Ejecución Penal existe el delito de “asociación ilícita para delinquir”, el cual puede ser aplicado cuando grupos de jóvenes se reúnen para la planificación o ejecución de un delito, lo que hace innecesaria una legislación que prohíba lo que ya está prohibido y que más bien generaría una mayor confrontación, por aquella teoría de que los grupos radicales consideran que lo prohibido constituye un reto o un desafío mayor ante la autoridad constituida y hay que enfrentarla más.

Entonces, somos todos, padres de familias, maestros, líderes religiosos y de otros sectores de la sociedad civil, quienes en conjunto con la autoridad policial debemos hacer esfuerzos por buscar soluciones como las planteadas al inicio del presente artículo, reconociendo que si bien es cierto en Nicaragua tenemos los mejores niveles de seguridad ciudadana en comparación con otros países de Latinoamérica, estos niveles podrían entrar en franco deterioro si juntos no enfrentamos, no sólo el delito sino también el origen de los mismos, y más que pensar en leyes contra las pandillas deberíamos pensar en actitudes a favor de estos grupos, autoexaminándonos cuál es papel que estamos jugando en nuestro trabajo, nuestro centro de estudio, nuestras organizaciones y nuestro barrios.

* Los autores son funcionarios del Ministerio de Gobernación.
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Editorial
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