Roman, Times, serif»>Editorial
En el ojo de la tormenta
Sin duda que es únicamente por razones políticas e ideológicas que la oposición sandinista está cuestionando el envío del contingente militar nicaragüense a Irak, decisión que por cierto fue aprobada legalmente por la Asamblea Nacional a principios del mes de julio recién pasado.
Es obvio, en realidad, que tal cuestionamiento se debe a la insuperada fobia antiestadounidense del Frente Sandinista, no a sentimientos patrióticos ni a una preocupación sincera por los peligros que enfrentarán en Irak los militares nicaragüenses; al respecto de lo cual los políticos sandinistas hasta han puesto a los soldados y oficiales del Ejército de Nicaragua como si fueran mariquitas indefensas y timoratas, y no los aguerridos militares que han demostrado ser.
Seguramente por eso, y para reivindicar el honor de los militares nicaragüenses ultrajado por la politiquería de los líderes sandinistas, es que el comandante en jefe del Ejército de Nicaragua, general Javier Carrión, aclaró que aunque formalmente no es bélica la misión del contingente nicaragüense enviado a Irak, sin embargo “en una situación de guerra la defensiva muchas veces pasa a ser ofensiva y viceversa”. Mientras que el vocero oficial del Ejército, coronel Adolfo Zepeda, precisó que: “Como militares estamos preparados para enfrentar acciones militares” (LA PRENSA, viernes 22 y sábado 23 de agosto de 2003).
En realidad, lo cuestionable del envío de militares nicaragüenses a Irak no es porque correrán peligro allá, puesto que es muy bien sabido que el fin primordial de un ejército es el de combatir, y por lo tanto, quien pertenece a él —voluntariamente, además— debe estar siempre preparado para afrontar las consecuencias de esa necesidad o eventualidad.
El problema, más bien, como ya lo señalamos en esta misma columna editorial el 12 de julio recién pasado, es que Nicaragua no debió comprometerse a eso porque no tiene capacidad propia para hacerlo, pues “por mucha buena voluntad que se tenga de ayudarle al país (Estados Unidos) que ha sido tan solidario con la democracia y con los demócratas nicaragüenses, hay una limitación objetiva y económica para hacerlo. Y es penoso que las autoridades nicaragüenses anden pidiendo para eso en el exterior, habiendo tantas necesidades insatisfechas en el país”.
Y agregamos en aquella ocasión que: “Suficiente apoyo nicaragüense a Estados Unidos debería ser la aprobación del acuerdo binacional para proteger a ciudadanos norteamericanos de cualquier acción política que pudiera montar contra ellos la Corte Penal Internacional como represalia por la lucha global y frontal contra el terrorismo internacional que está librando el gobierno estadounidense, y que amerita el respaldo, aunque sea moral, de todo el mundo libre y democrático”.
Además hay agravantes que se pueden apreciar en toda su ominosa magnitud después del terrible atentado contra la sede y la representación de la ONU en Bagdad, del martes de la semana pasada.
El primero es el de que la estrategia de los terroristas apunta a matar no sólo a militares estadounidenses y de los países aliados en la guerra que derrocó a Saddam Hussein, sino también y sobre todo a atacar a los llamados “objetivos blandos”, o sea a personas y organismos civiles o militares que cumplen en Irak misiones cívicas y humanitarias.
Y el segundo agravante es el de que la participación de Nicaragua en operaciones militares —bélicas o humanitarias— en Irak, podría convertirnos en objetivo directo del terrorismo internacional, que como lo ha demostrado es capaz de atacar en cualquier lugar del mundo.
Además, el peligro de que Nicaragua, y específicamente su población civil indefensa sean objeto de represalias del terrorismo internacional, podría ser mayor si se considera que los terroristas cuentan aquí con numerosos e influyentes simpatizantes.
No sabemos si el presidente Enrique Bolaños y sus asesores del Ministerio de Defensa y del Ejército de Nicaragua consideraron previamete las consecuencias que podría provocar el envío de los militares nicaragüenses a Irak. Esperamos que sí lo hayan hecho y que Estados Unidos le brinde todo el apoyo necesario al Gobierno de Nicaragua, a fin de disponer las medidas apropiadas para defender al país y a la población de cualquier acción del terrorismo internacional apoyada o no por sus simpatizantes y amigos internos.
Si meten al país en asuntos tan serios como el conflicto de Irak, hay que prever cualquier eventualidad que pudiera ocurrir.