Sin energía no hay luces

César Paz

En el Editorial de LA PRENSA (“Mejor encender luces”) del 24 de julio del año en curso, se dice que “la cultura es la conducta aprendida de los individuos y que los resultados de la conducta son transmitidos de generación en generación”, usted anota. A esto se le identifica como una parte de la herencia o del patrimonio, pero si se carece de esa herencia y no se promueve, existe la tendencia de achabacanar nuestras tradiciones o nuestras formas de manifestarnos como parte de esa conducta o forma de actuar ante nuestro entorno.

De estos conceptos se puede hacer libros para demostrar el significado sociológico de la palabra cultura, aunque si se le ve desde el punto de vista antropológico se podrían encontrar otros significados, y de esta manera nos alejaríamos cada vez más y más del tema que nos ocupa.

Mientras tanto, que se llenen de telarañas los teatros y se tornen amarillas las páginas de las partituras y otras obras que el genio creador no pudo compartir. Tal vez hasta que muera se le reconozca su talento, como ha ocurrido en otro momento.

Muchos viejos artistas están enfermos, solos y abandonados esperando que se les abran las puertas de Teatro Nacional Rubén Darío, no para ir a presentarse sino para ser velados el día de su partida, y hasta entones un burócrata (si tiene suerte el difunto) le reconocerá su grandeza y contará como suya alguna que otra anécdota (de ésas que le contarán, mientras le den aviso que el artista fulano de tal ha expirado). Hasta entonces se encenderían la luces.

Sólo hay que ir al INC para ver los rostros de angustia y descontento de sus trabajadores, algunos de ellos solamente son asalariados con sueldos de setecientos veinte córdobas a pesar de tener más de una década de laborar para esta institución, y nunca han sido promovidos de sus puestos, no por incapacidad, sencillamente por el desprecio de los directores de turno que han gozado de salarios hasta de ochenta y cinco mil córdobas y no de cincuenta y un mil córdobas como lo expresaba el señor Napoleón Chow (director del INC).

Mientras tanto los artistas, los que ya no trabajan en esta institución, dejaron de hacerlo porque un día los corrieron o se fueron porque decidieron cambiar las cosas desde adentro, viéndose imposibilitados de promover y desarrollar verdaderas políticas culturales, sintiendo que el ego de sus jefes obstaculizaba su desempeño, mientras otros serviles le siguen aplaudiendo como los personajes de Valle Inclán grotescos y esperpénticos que acarician a los gatos angora de forma sádica, pero a ellos les encanta que les estimulen la pereza.

Los artistas no aguantaron y se atrevieron a expresarse como todo artífice que exterioriza sus sentimientos, capaz de decir y denunciar, por no soportar las humillaciones o no dejarse contaminar, ni querer caer en el pecado de la adulación.

Mientras tanto el archivo fílmico que es parte del patrimonio cultural de la nación espera por su mantenimiento y amenaza con desaparecer en las tinieblas del deterioro. Las escuelas que representan el semillero del arte nacional luchan en el hacinamiento y la falta de presupuesto. Ahora bien ¿dónde está el archivo nacional? ¿Cuál es el puente de comunicación entre los artistas y el INC? Si a veces se busca al titular en su despacho y nunca está, porque lo niegan, preguntan por su asistente y anda con él. Hay que preguntarle a los miembros del sindicato cómo ven el futuro de la institución (entre los pasillos siente la necesidad de ir la Presidencia a manifestarse y pedir su cambio).

Los artistas están en toda la disponibilidad de sentase y proponer acciones concretas para el desarrollo de la cultura nacional. ¿Quién dijo que no están dispuestos a encender luces? No se maldice la oscuridad, se critica la falta de energía de sus funcionarios.

Si están claros de que el rechazo a la estatización cultural no significa dejar la cultura al garete, en el abandono, condenada a la desidia y el desinterés, ¿por qué justificar o tratar de apañar la inoperancia, buscando tirar la pelota a la otra cancha? Las mismas leyes de la República son claras, y es deber de los funcionarios del Estado cumplirlas, en su lenguaje sería encenderlas para iluminar el futuro de la cultura nacional.

El autor es teatrista nicaragüense.

Editorial
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