La justicia sigue partidarizada

Emilio Álvarez Montalván

Cuando nicaragüenses y extranjeros se quejan de la partidarización de la justicia en Nicaragua, por significar grave deterioro a un Estado de derecho, hay quienes reclaman pruebas concretas. En obsequio a esa demanda presento hoy el despojo que aún se mantiene a los propietarios del Club Social de Granada, usurpado el l9 de julio de 1979.

A pesar de la sentencia de la Sala Civil de la Corte Suprema de Justicia del 28 de noviembre de 2000, mandando a devolver el club a sus legítimos dueños en el término de tres días, ese fallo sigue sin acatarse tres años después, por impedirlo turbas sandinistas.

Hay que recordar que el club social de Granada, fundado hace más de 150 años por don Emilio Benard y una pléyade de prominentes empresarios granadinos, se encuentra frente al costado occidental del Parque Central. En la vida urbana, el edificio que lo alberga es un hito sobresaliente por su arquitectura de buen gusto. Disponía de amplios salones, muebles de fina artesanía, arañas y faroles de cristal de roca, biblioteca, colección de obras de arte, y sitio para bar y restaurante para servicio de los miembros del club. Un espacioso balcón acomodaba las tradicionales mecedoras austriacas donde todas las tardes un grupo de granadinos acostumbraba a “tertuliar”.

Ese centro fue establecido siguiendo la moda inglesa del Siglo XIX que auspiciaba la formación de clubes como lugares apropiados para un plácido y discreto intercambio social de familias amigas. Dentro de ese propósito era natural y lógico limitar la membresía a aquellas personas que guardasen entre sí alguna relación de parentesco o amistad y que además compartiesen costumbres similares.

Con esa misma intención se organizaron clubes sociales en León, Matagalpa, Managua, Rivas, Juigalpa, Boaco, Masaya, etc., mantenidos por sus socios. Ese mismo objetivo inspiró los clubes de obreros, artesanos, deportistas, etc. Nunca tuvieron los miembros de esas asociaciones intenciones discriminatorias, ni tampoco despertaban animosidad, pues sus fines eran pacíficos y constructivos.

Por ello el asalto al club de Granada el 19 de julio de 1979 por un grupito de exaltados, conmovió a la pacífica ciudad colonial que juzgó injustificable esa acción violenta. La única explicación pudiera ser que algunos de los atacantes pretendiesen con ello castigar a la “burguesía granadina”, (una clase social que nunca existió en este país empobrecido) por no permitirles pertenecer al club.

Un cuarto de siglo después, ese gratuito sentimiento de inferioridad perdura. A ello se agrega el respaldo político del FSLN que moviliza turbas cada vez que el juez intenta ejecutar el fallo judicial ante la indiferencia de la Policía. En realidad, es como una jactancia del control que ejerce el sandinismo sobre el Poder Judicial. ¿En qué queda entonces la reconciliación y la corrección de injusticias y errores? ¿Seguirá el FSLN polarizando al país con este tipo de rencores para después quejarse del sostenido rechazo que ha venido sufriendo de los votantes?

El autor es analista político.

Editorial
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