Pruebas del arrepentido

Douglas [email protected]

Me pregunto si Daniel Ortega, después de pedirle perdón a la Iglesia Católica, será capaz de reprocharle a Fidel Castro la represión contra los católicos en Cuba.

Si el secretario general del Frente Sandinista está de verdad arrepentido por las agresiones de su gobierno contra obispos y sacerdotes católicos, en los años 80, supongo que tampoco está de acuerdo ahora con la forma en que el régimen de Castro trata a la Iglesia y los cristianos.

Sería una forma de conocer el alcance de ese supuesto cambio en la ideología sandinista, porque es ilógico que Ortega siga viendo la represión contra los católicos en otro país y no la critique, así como ha condenado las políticas de otros gobiernos que, según él, amenazan a la gente pobre.

Las opresión contra la Iglesia Católica y sus feligreses en Cuba ha sido peor que la vivida en Nicaragua. En esa isla, por ejemplo, nadie puede ser educado en el contexto de la doctrina cristiana, porque el gobierno lo prohíbe.

En febrero pasado una madre de familia, Aurora Concepción, me dijo en La Habana que las imposiciones de Fidel Castro hasta propician la doble moral, al inculcar a los niños ideas que van contra la manera de pensar de sus familias, porque los estudiantes se ven obligados a negar a Dios en la escuela y a orarle en la intimidad de sus casas.

El régimen sandinista también quiso eliminar toda influencia religiosa que pusiera en riesgo su poder, alérgico a críticas y oposición, pero encontró una resistencia creciente entre los católicos hasta que lo derrotaron con los votos en las elecciones de 1990.

He oído a ex agentes del desaparecido Ministerio del Interior relatar cómo planeaban la represión contra los obispos, sacerdotes y feligreses católicos, en la época de la revolución sandinista. “Lo hacíamos de forma muy consciente, habían agentes asignados para seguir y joder a cada cura”, me dijo hace poco uno de esos antiguos espías que dirigió Tomás Borge.

Daniel Ortega tiene derecho a arrepentirse y a pedir perdón, aunque para los nicaragüenses será interesante ver si a partir de ahora sus actos van a cambiar por consecuencia de esa reflexión; si así como censura a los gobiernos neoliberales por expandir la pobreza, va a condenar al régimen de Cuba por reprimir a los católicos y negarle derechos humanos a la población.

“El Estado nos ha impedido recibir ayudas (externas), nos pone trabas”, me dijo hace cinco meses el obispo auxiliar de La Habana, Monseñor Salvador Riverón. La Iglesia trata de ayudar a los cubanos más pobres, con alimentos y ropas, pero el gobierno de Castro la bloquea.

Los sacerdotes católicos tienen el deber de otorgar el perdón a un ser humano que dice estar arrepentido de sus fechorías, pero sería peligroso que además de perdón le den apoyo político, porque con esto podrían hacer el mal a sus mismos devotos y hasta ganarse su rechazo.

Editorial
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