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Después de ver los últimos datos sobre pobreza, del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), me doy cuenta que el ingreso per cápita de los nicaragüenses, estimado por el gobierno, es un espejismo.
A principios de mayo, el Banco Central de Nicaragua anunció que habían detectado, con un nuevo método de cálculo, que el ingreso promedio anual de cada habitante es de 779 dólares, en vez de 478 como se consideraba.
O sea que, de la noche a la mañana, en teoría cada nicaragüense percibe más dinero del que se suponía, porque la riqueza creada en el país (Producto Interno Bruto, PIB) es de 3,900 millones de dólares y no de 2,500 millones, como calculaban los economistas gubernamentales.
Independiente de esos cálculos, en la realidad cruda el 78 por ciento de la población subsiste con menos de dos dólares por día y la pobreza en general afecta de forma constante al 45.8 por ciento de los nicaragüenses, según las estadísticas del INEC.
Tengo la impresión que si el ingreso por habitante lo estiman ahora en 400 o en 800 dólares en la estadísticas nacionales, da lo mismo para la mayor parte de los nicaragüenses, porque de hecho el ingreso y el consumo están concentrados en un sector pequeño de la población.
La economista Dulce Mayorga explicó, la semana pasada, que el 10 por ciento más rico de la población abarca el 36 por ciento del consumo nacional, mientras que el 10 por ciento de los habitantes más pobres acumulan sólo el dos por ciento del consumo.
Por otro lado, los nicaragüenses que más consumen son los que viven en las áreas urbanas, donde se concentra el 70 por ciento del consumo total, alimentario y no alimentario. Significa entonces que los pobladores rurales, más de dos millones de habitantes, consumen lo mínimo.
Mayorga dice que el 93 por ciento de los campesinos y el 67 por ciento de los pobladores urbanos sobreviven con menos de dos dólares por día. Sus gastos son restringidos.
Otros economistas creen que al margen de cuánto sea el ingreso per cápita, estimado por el gobierno, el problema que agobia a la mayoría de nicaragüenses es la falta de oportunidades, entre éstas la de tener un empleo con una remuneración adecuada.
La nueva forma de calcular el PIB de Nicaragua incluyó, entre otros datos, los ingresos y utilidades de la economía informal que, se supone, abarca casi el 60 por ciento de las actividades económicas del país.
Los gobernantes suelen hablar de la mejoría del país citando las cifras más generales, pero si dejaran de volar alto y aterrizaran un momento, se podrían percatar que hay situaciones que casi no han variado desde hace diez años. Desde 1993, en promedio, el 42 por ciento de los nicaragüenses ha sobrevivido con menos de un dólar diario y las tres cuartas partes con menos de dos dólares.