Corregir ya cuesta más

Douglas [email protected]

El alcalde de Juigalpa, Erwin De Castilla, nos contaba que los habitantes de su municipio toman agua de lluvia, porque se acabaron en la zona las fuentes de agua potable; y durante el verano la crisis es peor.

Hace más de diez años el departamento de Chontales todavía tenía la imagen de ser una zona colmada de ríos y ganado. La ganadería subsiste, pero los ríos sólo surgen cuando llueve mucho y las corrientes bajan de las montañas deforestadas buscando cauces.

Han botado tantos árboles que el agua ya no sale de las vertientes. Los especialistas dicen que los árboles son necesarios para chupar el agua subterránea y para nutrir los acuíferos.

Tramos importantes de ríos se han secado y sólo recogen agua cuando llueve fuerte y las corrientes, que deberían penetrar en la tierra al pie de los árboles, corren sin control hasta encontrar un cauce y si este les queda pequeño se desbordan y arrastran casas.

¿A quién recurrirán los juigalpinos para calmar su sed? A la fuente más cercana y abundante: el Lago Cocibolca o Gran Lago de Nicaragua, un almacén de agua de ocho mil kilómetros cuadrados que de forma permanente desagua sobre el Río San Juan hacia el Mar Caribe, porque tiene agua de sobra.

La costa del lago más cerca de Juigalpa está a 25 kilometros y desde allí halarán el agua por una tubería, cuyo costo de instalación será de once millones de dólares.

El problema es que las aguas del lago ya tienen contaminación y si la población le sigue echando basura y desechos humanos, terminarán siendo imbebibles.

Es lo mismo que ocurrió con las últimas fuentes de agua que le quedaban a Juigalpa. Esa ciudad chontaleña carece de alcantarillas sanitarias y las aguas sucias van a caer a los riachuelos cercanos o a sumideros particulares.

Para llevar el agua del Gran Lago hasta Juigalpa y potabilizarla, las autoridades municipales ya tienen la promesa de la Cooperación de Dinamarca de que aportará los 11 millones de dólares necesarios.

Pero también hay que construir un sistema de alcantarillas para la ciudad y hasta hoy ningún donante ha levantado la mano, para ofrecer los millones de dólares que requerirá este proyecto sanitario.

Supongo que así como los juigalpinos buscan hoy el agua del Cocibolca, también lo harán, tarde o temprano, los habitantes de otras ciudades o poblados aledaños a este lago que es único en Centroamérica.

Ahora el dinero de la cooperación externa sirve para limpiar la dejadez de la administración pública, en vez de usarlo para progresar en otros campos, como la salud y la educación. Si los gobiernos hubieran invertido desde hace 20 años en controlar el despale, reforestar las cuencas de los ríos y tratar las aguas negras de las ciudades, habría menos problemas ambientales y más dinero para mejorar la vida de la gente.  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí