Sexualidad: Lo natural y lo divino

Patricio [email protected]

En un mundo intolerante y hostil a la diversidad sexual, el editorial de LA PRENSA del 18 de junio (Homosexualidad y libertad) merece ser aplaudido y celebrado. Es, probablemente, la primera vez que un periódico nacional, y de prestigio internacional, toma una postura abierta de respeto al derecho a la libre expresión de la homosexualidad. Tiene aún más valor tomando en cuenta la legislación anti-homosexual que hasta la fecha persiste en Nicaragua.

No comprendo, sin embargo, por qué los homosexuales y las lesbianas siguen siendo percibidos como una amenaza a la familia, e incluso a la misma prolongación de la especie humana. Si bien es cierto que para la procreación, un hombre y una mujer, de alguna manera, tienen que juntarse, esta acción no puede ser considerada como mandato sine qua non hacia todas las personas. Si las preferencias sexuales de las personas “pertenecen al ámbito de su libre albedrío”, esta misma lógica debe ser aplicada a la decisión de procrear o no, independientemente de la opción sexual y debe ser respetada, tal y como se les respeta el celibato a los sacerdotes, monjes y monjas, cuya opción es la no procreación.

La ecuación “heterosexualidad igual a procreación” es en sí misma una equivocación y devela una visión simplista de la sexualidad humana. Hoy en día, en Nicaragua hay miles de madres lesbianas y padres homosexuales quienes por presión social, temor o decisión propia se encuentran en relaciones “heterosexuales”, o solas/os. Asimismo, muchos jóvenes de ambos sexos experimentan presión familiar y social para “procrear”. Como prueba de su hombría, los varones son instigados a preñar a una muchacha y las mujeres a asumir la maternidad como expresión definitiva de su feminidad. Para ambos la procreación afirma su heterosexualidad, aún cuando todavía se encuentran en el proceso de construcción de su identidad sexual. En consecuencia, hay madres y padres adolescente y jóvenes quienes al desarrollarse más, empiezan a descubrir y aceptar su homosexualidad, posterior al hecho del nacimiento de sus hijos/as. Pero siguen siendo padres y madres y su desempeño como tal no se define por su sexualidad sino más bien por el compromiso que tienen con sus hijos/as. Asimismo, hay lesbianas y homosexuales quienes conscientemente deciden ser madres y padres y cuya decisión responde a un deseo propio y no a la presión familiar o social. En mi experiencia suelen ser excelentes madres y padres, de inmenso coraje y valor humano.

Así que la procreación y la prolongación de la especie humana no es propiedad exclusiva de las personas heterosexuales. Y tampoco se puede reducir la sexualidad humana a la procreación de la especie. Decir que “cada acto sexual entre un hombre y una mujer fértil tiene el potencial de concebir un hijo” sólo tiene razón si por “acto sexual” se entiende “acto de penetración”. No obstante, la inmensa mayoría de los “actos sexuales” que entre hombres y mujeres se intercambian cada día no terminan en la concepción de un hijo. ¿Habría que catalogarlos como “anti-naturales” y “contrarios al plan de Díos”? No. La raza humana es sumamente bendecida, Dios y la naturaleza nos han otorgado una multitud de formas de dar y recibir placer sexual. Cuando se expresa con cariño, ternura, respeto mutuo y amor son una fuente inmensa de unión entre dos personas y de enriquecimiento de nuestra humanidad. El amor y su expresión a través de la sexualidad es lo más natural y divino que hay.

El autor es miembro de la Asociación de Hombres Contra la Violencia.  

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