Platón y la homosexualidad

Edmundo Dávila Castelló[email protected]

El artículo aparecido en LA PRENSA el pasado ocho de junio titulado “Sociedad, sexualidad y sus manifestaciones”, de la connotada escritora nicaragüense Gioconda Belli, me ha motivado a escribir estas reflexiones alrededor del controversial tema del homosexualismo a que ella se refiere principalmente en su escrito, basado en una ley en proyecto de Nicaragua, llamada “Igualdad de oportunidades”, que en vez de procurar constructivamente la complementariedad, el amor y la armonía entre el hombre y la mujer, puede promover el distanciamiento, la rivalidad y la competencia entre ambos sexos, que no pocas veces culmina desafortunadamente en el plano familiar, con la pugna y la separación entre parejas formalmente constituidas.

Doña Gioconda expone que las relaciones carnales entre personas del mismo sexo son “naturales”, por el simple hecho de su antigüedad en la historia de la especie humana. Ella afirma desconocer que Dios y Jesucristo hayan prohibido o condenado tales prácticas. También extracta algunas líneas de “El Simposio” de Platón, en que el gran filósofo griego relata el origen mitológico de la sexualidad.

El hecho de que la homosexualidad exista hace miles de años, no implica necesariamente que aquélla sea “natural”. Lo natural es conforme con el orden, la belleza y la armonía de la naturaleza, con los hábitos y las buenas costumbres de los hombres, aunque a veces es muy difícil distinguir entre lo natural y lo antinatural, entre lo normal y lo anormal, porque “los extremos se tocan”. Puede sentirse la diferencia, más que definirse con palabras.

Caín mató a su hermano Abel con una quijada de burro, en los albores de la humanidad, pero actualmente no se considera el fratricidio como “natural”. Asimismo hay que recordar que las ciudades de Sodoma y Gomorra en que predominaba fuertemente la homosexualidad, fueron castigadas por Dios, arrasándolas con fuego y azufre bajados del cielo.

En Génesis 19 se relata de unos hombres de Sodoma que deseaban “conocer”, tener relaciones con dos ángeles que se hospedaban en la casa de Lot y éste tuvo que ofrecerles a sus dos hijas vírgenes, para impedir el insólito y perverso sacrilegio que pretendían cometer los lujuriosos y depravados sodomitas. Pasando ahora al Nuevo Testamento, Primera Carta de San Pablo a los Corintios 6: 9,10 se puede leer claramente: “…ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones… heredarán el reino de Dios”.

En los pasajes mitológicos de Platón, que explican el origen de la homosexualidad, se describe cómo y por qué los del mismo sexo se atraen y se buscan, pero eso no significa que Platón esté justificando la homosexualidad. Solamente explica el origen de tal aberración. Por la ley de polaridad física, los polos opuestos se atraen y los de mismo signo se repelen. Así sucede con los animales y los hombres. El macho, con signo positivo, atrae a la hembra, con signo negativo, y viceversa.

Doña Gioconda expresa que la homosexualidad es tan natural como el sexo destinado a la procreación. Pero aquí se me ocurre que si Dios “diseñó” cada órgano del cuerpo humano, para ejercer determinada función (como todo lo demás en el universo), cualquier otro trabajo que este órgano desempeñe fuera de lo establecido por el Creador, obviamente sería “antinatural” o “contra-natura”. Yo creo que la naturaleza es el lugarteniente de Dios. Asimismo pienso que, si por ejemplo, la humanidad fuera a partir de este momento, global y exclusivamente homosexual, el género humano se extinguiría en unos 100 años y el propósito del hombre sobre la tierra en el plano material carecería por completo de sentido. “…Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla…”, se dice en el Génesis.

Según algunos psicólogos, cuando existe una simple atracción sexual entre dos seres humanos del mismo género, puede ser admisible y hasta natural, pero si esta atracción sustituye a la que se siente por el sexo opuesto, es patológica; finalmente, si culmina en el placer sexual, constituye perversión o aberración. No obstante hay que aceptar, a pesar de todo, que grandes hombres admirabilísimos en todos los tiempos y en todos los campos del saber y del quehacer humanos, han sido homosexuales. Curiosamente, poco se sabe de mujeres famosas que hayan sido lesbianas.

Por el derecho a la privacidad que tiene todo ser humano, cada quien es dueño de su vida y de su cuerpo y puede hacer lo que le venga en gana, todo de acuerdo con doña Gioconda, y por lo tanto, los homosexuales discretos y educados de cualquier sexo, merecen respeto y consideración. Todo eso y mucho más se permite, no obstante, en algunos países muy avanzados, como Holanda, en que se acepta el aborto, la eutanasia, el matrimonio entre homosexuales, etc. Pero aquí, Nicaragua, permanece siempre demasiado atrasado por razones políticas, económicas, culturales, educativas etc., para poder imitarlos.

Cada quien tendrá que responder por sus actos e inclinaciones naturales o antinaturales, pero conviene saber que si Dios por su bondad y misericordia no castiga a los hombres por sus acciones u omisiones, la naturaleza, inexorablemente, se encargará de hacerlo.

El autor es ingeniero civil.  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí