Deontología médica ante el aborto

Alejandro J. Ayón Lacayo

Debido a que vuelve a salir otra inocente niña (Carlita) afectada por un enfermo sexual, en este caso su padre, deseo hacer un análisis sobre diferentes aspectos del quehacer médico ante estas difíciles situaciones.

El aborto se define como la interrupción del embarazo antes de las 20 semanas. Aborto criminal es el aborto sin justificación y el “aborto terapéutico” es el aborto que se realiza para salvar la vida de la madre en extremo peligro.

Deseo recorrer los diferentes aspectos éticos a los que todos los médicos sin excepción están sometidos; la deontología médica que es el estudio del comportamiento moral del médico; va desde el Juramento Hipocrático hasta los diferentes códigos existentes a nivel mundial, hechos para encaminar al médico en sus quehaceres éticos en cualquier situación, inclusive la más extrema.

El Juramento Hipocrático (460 A.C.) al que muchos han hecho mención con un obvio desconocimiento del mismo, pero tratándolo de aplicar a su conveniencia dice así entre otros párrafos: “Y no daré ninguna droga letal a nadie, aunque me la pidan, ni sugeriré un tal uso, y del mismo modo, tampoco a ninguna mujer daré pesario abortivo, sino que, a lo largo de mi vida, ejerceré mi arte pura y sanamente”.

El Juramento Hipocrático se vuelve parte de la vida del médico desde el momento de su graduación y no da lugar a apreciaciones personales convenientes. Para aquéllos que en su ignorancia o prepotencia consideren esto parte de la historia mitológica, en 1948 en Ginebra se reunió la Asociación Médica Mundial y aprobó en su Asamblea General por unanimidad lo que sería el Juramento del Médico al ser incorporado como tal; éste fue refrendado en Sydney en 1968 y dice así entre otros párrafos: “Prometo velar con sumo interés y respeto por la vida humana, desde el momento de la concepción y aún bajo amenaza, no emplear mis conocimientos médicos para contravenir las leyes humanas”.

Con esto que he mencionado y habiendo tenido la oportunidad de revisar varios códigos deontológicos de otros países, debe quedar claro que el aborto ningún médico lo puede ver como la solución a un problema. Lamentablemente no existe en Nicaragua un colegio de médicos que a través de su tribunal de ética establezca esto. Y suceden situaciones que rompen todos los preceptos deontológico, tal como lo hizo la “tristemente célebre” Junta Médica del Minsa, que “autorizó” con su mensaje ambiguo el aborto de “Rosita”.

Aprovecho para instar a las autoridades del Minsa a que a corto plazo se unan esfuerzos para unificar los pocos códigos de ética que existen y se tenga un tribunal deontológico que los haga valer, mientras se forma el colegio de médicos.

Para concluir quiero dejar claro que el médico debe ejercer su profesión en un marco ético contemplado bajo los diferentes juramentos y códigos existentes a nivel mundial y tener bien presente que no hay fuerza o ley alguna que lo obligue a contravenir las leyes humanas y podrá siempre aplicar el concepto de “objeción de conciencia”, o sea no realizar ningún acto que lo objete su conciencia. El problema es cuando algunos médicos no tienen conciencia.

El autor es presidente del Comité de Moral y Ética del Hospital Infantil “MJR”.  

Editorial
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