¿Sólo queda pedirle a Dios?

Representantes del Gobierno del presidente Enrique Bolaños dijeron que no hay nada que hacer después que los diputados de los partidos pactistas, liberal y sandinista, se repartieron los magistrados de la Corte Suprema de Justicia nombrándolos como les dio la gana y no como manda la Constitución que se deben elegir.

Otras personas dicen que la repartición de cinco magistrados para el FSLN y cuatro para el PLC, indica que habrían llegado a un acuerdo para liberar a Arnoldo Alemán —probablemente mediante un fallo del Tribunal de Apelaciones de Managua anulando todo lo actuado en el juicio de primera intancia contra Alemán—, y que sólo queda pedirle a Dios que los nuevos magistrados, y los que están en ejercicio, actúen correctamente y que el Poder Judicial no empeore como con justa razón teme la mayoría de los nicaragüenses.

Por supuesto que es importante pedirle a Dios por la bienandanza de la justicia y para que ilumine a los gobernantes (incluyendo a los magistrados y diputados) con al menos un poquito de inteligencia y humildad para ellos, y de compasión por el pueblo que gobiernan. Pero rezar no es suficiente.

Los pactistas están triunfalistas porque con la “elección” de magistrados del viernes pasado no sólo se repartieron las magistraturas sino también porque según ellos le propinaron una aplastante derrota al presidente Bolaños. Pero es Nicaragua la derrotada; es a la justicia y a la democracia a la que atropellan con esos repartos del poder público, inclusive a su propia dignidad, aunque la ignorancia y sobre todo el ensoberbecimiento no les permita comprenderlo.

Se dice que la historia es compañera complementaria de la política, que la experiencia histórica es una herramienta fundamental del trabajo político. Es cierto. Por eso es que el filósofo hispano-estadounidense Jorge Ruiz de Santayana (1863-1952) consagró el apotegma de que quienes ignoran la historia están condenados a repetir los errores del pasado.

Pero por pura soberbia los pactistas repiten los errores que cometieron en el pasado y que los condujeron a estrepitosas derrotas y vergonzosos fracasos, a los liberales con la caída del somocismo en 1979 y a los sandinistas con las aparatosas derrotas electorales de 1990, 1996 y 2001.

Los liberales pactistas, por ejemplo, después de la “elección” de magistrados del viernes pasado han hecho alardes de arrogancia triunfalista sin considerar siquiera la dramática experiencia que está sufriendo su líder Alemán, quien se encaramó en las cumbres de la soberbia pero después lo humillaron la justicia y el desprecio de la ciudadanía honrada de Nicaragua, y sufre las consecuencias de su insensatez aunque esté en la jaula de oro de su residencia en sustitución temporal de la cárcel.

Como se recordará, cuando LA PRENSA comenzó a informar sobre el insólitamente rápido y desmedido enriquecimiento de Arnoldo Alemán desde que asumió la Presidencia de la República, y denunciamos en forma bien documentada la corrupción descarada en que se basaba ese enriquecimiento, él creyó que podría hacer lo que no pudieron las feroces y despiadadas dictaduras somocista y sandinista: Liquidar a LA PRENSA.

Pero como el entonces presidente Arnodo Alemán no pudo hacernos mayor daño con la restricción y supresión de las pautas publicitarias gubernamentales, fraguó con su director general de Ingresos, Byron Jerez (ahora también preso y condenado por corrupción), imponernos un descomunal reparo tributario que todavía no lo resuelve la Corte Suprema de Justicia y que pende como una espada de Damocles sobre LA PRENSA, y contra la libertad de información y de empresa en general.

En aquel entonces aconsejamos a Arnoldo Alemán que tuviera en cuenta la sabia advertencia de don Francisco de Quevedo (1580-1645), de que “la soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió”. Alemán no quiso escuchar y en efecto cayó ruidosamente de las alturas de su soberbia y fue castigado por la justicia divina y humana. Mas sus arrogantes partidarios no quieren aprender de tan tremenda lección.

Y quienes creen que nada se puede hacer contra las barbaridades de los pactistas, salvo encomendarse a Dios, deberían tomar en cuenta que inevitablemente el balde se rebalsa de tanta agua que se le echa y que la cuerda siempre termina rompiéndose cuando mucho se le tensa.  

Editorial
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