Eduardo Enrí[email protected]
Quien haya albergado esperanzas de que el resultado de la elección de magistrados a la Corte Suprema iba a ser distinto, es un iluso. El Pacto funciona y va a seguir funcionando mientras le convenga a los dos caudillos… y mientras nosotros se los permitamos.
¿Qué incentivo podría tener cada uno de los diputados que ayer votó por mantener una Corte Suprema partidizada y sometida a los caprichos de Arnoldo Alemán y Daniel Ortega? Ninguno.
Apenas en el año 2000, diputados iguales a ellos –incluso algunos que fueron premiados con la reelección un año después–, votaron ciegamente a favor del Pacto. Tomaron la Constitución, la descuartizaron y la volvieron a armar para que les quedara como un guante a las pretensiones de sus jefes. En esa ocasión, como ahora, el rechazo de la población a los cambios que el Pacto ordenaba en la Constitución era elevadísimo. Pero lo hicieron.
Un año después, el 94 por ciento de los nicaragüenses acudía a las urnas, y todo el rechazo provocado por los desmanes del Pacto, además de otros abusos de poder y la rapiña sobre el erario, no pesaron un ápice. Los nicas, en masa, votamos por liberales y sandinistas, confirmándoles el control sobre la Asamblea Nacional y dándoles de nuevo el poder para que hicieran lo que les diera la gana.
La lectura que los diputados hacen de esto es que la población, ignorante del poder que tiene en su voto, irá como borregos una vez más en el 2006 a “votar en cascada” y que por eso no hay nada que temer. A los que hay que temer es a los caudillos, que son los que dicen en qué lugar de la lista en la boleta electoral va el nombre del candidato a diputado. Si se portan bien los ponen en un lugar “ganador”, si se portan mal van a la cola, o tal vez ni van.
Así que ayer nadie quería quedar mal con su respectivo caudillo, y a pesar de que el 90 por ciento de la población se opone, eligieron magistrados militantes para que garanticen que el control sobre la Corte se mantiene en manos de Alemán y Ortega.
Pero nada indica que estemos aprendiendo esta segunda y amarga lección. Cuando los liberales “bolañistas” querían formar un partido nuevo, daba tristeza escuchar a gente que generalmente se tiene como inteligente y analítica, disertar sobre los “peligros de dividir el voto democrático”. Otros, aún más audaces, hablaban de “división del voto liberal”. Como si aquí existiera un voto “liberal”. ¡Por favor!
A estas personas les da horror que esa “división” le allane el camino a la Presidencia a Daniel Ortega. Pero su miopía política no les permite ver dos cosas clave: una, que la mayoría de la gente que no es sandinista no vota a favor de un partido, sino que más bien vota en contra del sandinismo; y dos, que los caudillos cuentan precisamente con ese “horror” para mantener las cosas bajo su control, pues lo que ese “horror” dice, es que los nicaragüenses estamos condenados a elegir entre un grupo de ladrones y sinvergüenzas u otro. Pero Nicaragua no puede resignarse a ser gobernada por estas bandas delincuenciales.
Para mí es irrelevante si la opción a estas bandas es el “bolañismo”, que por demás ha demostrado incapacidad organizativa e indecisión, pero sí es urgente que nos demos cuenta que de seguir eligiendo zánganos a la Asamblea Nacional, vamos a seguir siendo víctimas de sus zanganadas. Si no vemos eso, sigamos “votando en cascada” pues.