Alfonso Dávila Barboza
Manifiesto con toda sinceridad y por amor a Nicaragua, a mi familia y a mis estimables amigos juristas que me duele y preocupa la crisis que vive el Poder Judicial y su futuro.
Estuve inmerso con total dedicación a las funciones judiciales por 17 años, lo que resulta, si se quiere, un fuerte aval para señalar opiniones con suficiente mérito sobre el Poder Judicial en los últimos 20 años.
Nunca antes como ahora se han publicitado tantos y tan variados aspectos de la vida y obra del citado Poder Judicial. Desfilan desacatos (caso la Verona), jueces y magistrados totalmente politizados como judiciales, en gran mayoría muy complacientes con sus superiores para dictar resoluciones intrigadas y solicitadas por aquéllos, y por politiqueros muy faltos de moral y civismo.
He sostenido y sigo sosteniendo que la función judicial “por dedicada y bien responsable merece la debida atención y muy seria de las autoridades superiores encargadas por la ley de proponer y formalizar el nombramiento de las personas que ejercerán las funciones judiciales determinadas por la ley; para tal caso la Corte Suprema de Justicia y la Asamblea Nacional”.
Es importante reconocer y tener siempre presente que los jueces y magistrados todos están en las obligación suprema de analizar con profundo estudio los casos que lleguen a sus manos, para tomar decisiones bien sostenidas por las leyes sustantivas y adjetivas, incluso con el auxilio y el buen manejo de lógica jurídica y la jurisprudencia nacional.
No obstante que las leyes tienen bien claro y muy positivo el espíritu que conforman su positiva efectividad, surgen vergonzosamente mezquinos intereses de politiqueros que atrofian y procuran congestiones dolosas, fallos contra ley expresa y brutal burla a la justicia.
En una conferencia que dicté en un seminario jurídico dije sobre el tema de los fallos judiciales que una sentencia dictada por intereses políticos o por intereses económicos, o baratas regalías, convierten tal sentencia en viciada ofensiva y violatoria de la Constitución de la República y los procedimientos legales, y ello convierte al judicial corrupto en “un carpintero que fabrica su propia cruz”.
En la elección de magistrados de la Corte Suprema es importante, pero muy importante, la selección de candidatos de mucha credibilidad y arraigo en el ejercicio de su vida profesional, como mantener tanto dentro y fuera de él, decoro y dignidad de un funcionario competente, estudioso, y de total entrega de elaborar y dar respaldo a fallos muy sobresalientes que fomenten respeto por la justicia, y ser muy hábiles en las interpretaciones legales.
Finalmente, tengo fuertes temores que al final de cuentas que en esta elección de magistrados de la Corte Suprema de Justicia se imponga el capricho de los sujetos de mucha influencia política en Nicaragua. He podido descubrir, y eso provoca “mi dolor y preocupación por el futuro del Poder Judicial”, que de las listas presentadas ante la Asamblea Nacional, los responsables de la presentación hacen muchos esfuerzos porque sus candidatos presentados resulten ungidos y eso es una aberrante actitud política.
¡Dios no lo quiera! Pues si los intereses políticos prevalecen, que quede claro y sin dudas que los electos serían producto de un infeliz pacto político.
El autor es asesor legal penal.