Emilio Álvarez Montalván
Fue un encuentro despojado de toda intención partidarista. Los organizadores, autoridades y público asistente, lucían esa tarde dispuestos a disfrutar no sólo del paisaje gratificante del lugar, sino a compartir un sentimiento de convivencia fraternal. Me refiero al día que fue reinaugurado el Parque Nacional “Loma de Tiscapa”. Es verdad que esa histórica elevación ya no es símbolo de poder político. En aquellos años, el dictador desde su palacio en la cima mantenía encañonados a los habitantes de la ciudad, que yacía a sus pies. Existían en ese tiempo celdas de tortura para prisioneros políticos, jaulas de felinos, “cuartos de costura”, pozos para sumergir a los interrogados, etc.
Eliminadas todas esas atrocidades faltaba sin embargo convertir a ese pintoresco paseo en un lugar de esparcimiento popular, que borrase aquella ominosa memoria.
Fue por ello edificante que en sus discursos respectivos, tanto el Presidente de la República como el alcalde de Managua coincidieran en el propósito de desarrollar el parque, apartando intenciones y comentarios de tinte sectario. Con ello demostraron que en Nicaragua, cuando hay buena voluntad y transparencia, pueden darse colaboraciones como ésa entre políticos de diferente persuasión partidaria, sin caer en repartición de cuotas de poder.
Destaco que el fruto más importante de ese proyecto es crear facilidades para que familias de todos los sectores sociales acudan allí para pasar distensionados los domingos y días festivos, gozando de una naturaleza estimulante. Para las personas de la tercera edad esas oportunidades son especialmente valiosas e indispensables para romper la rutina. Muchos llevarán, a lo mejor, sus “morralitos” que extenderían sobre la hierba para un improvisado pic-nic.
Hay mucho que hacer en ese proyecto. Me refirió el historiador de la ciudad de Managua, licenciado Roberto Sánchez Ramírez, que el alcalde se propone montar un museo de historia nacional, juegos infantiles, canchas de deporte y gimnasio para jóvenes deportistas, e incluso salones para conferencias y seminarios. También podrían impartirse clases de teatro, ajedrez, kárate e incluso bailes folclóricos. En ese contexto, la vecina laguna de Tiscapa con sus pintorescos alrededores puede albergar senderos para hacer ejercicio y disponer de casetas y restaurantes para tomar alimentos.
Esta iniciativa tiene que ver con el uso racional del tiempo libre de jóvenes sin empleo, quienes a menudo caen en actividades de pandillaje o en vicios degradantes porque no tienen mecanismos de descargue de agresividades reprimidas. Por supuesto que estos programas en la Loma de Tiscapa atraerán a mucha gente, por lo cual es esencial proveer también de vigilancia policial permanente.
Para completar el panorama está la vecina laguna de Tiscapa. Estoy seguro de que los urbanistas diseñarán senderos donde hacer ejercicio caminando a su alrededor y, desde luego, organizar festivales en plataformas sobre la superficie. Otros preferirán acudir a restaurantes y confiterías. Todo parece indicar que la buena comunicación que se ha establecido entre la Presidencia y la Alcaldía dará óptimos resultados.
El autor miembro de la Academia de la Lengua de Nicaragua.