Guillermo Rothschuh V.
¿A qué temo más, al vacío que siento bajo mis pies en el avión o a las alturas, curvas y precipicios de los altos de Chiapas? Tercera peregrinación a San Cristóbal de las Casas y el miedo me invade de nuevo. Nos deslizamos por una carretera angosta, empinada y zigzagueante, que uno pareciera no dejar de subir, lo que me provoca escalofríos. Debo estar exagerando. Jorge Eliécer ni se inmuta. Me describe el paisaje, pero no lo escucho. Si miro hacia la izquierda lo que alcanzo a ver son hondonadas interminables. Las manos me sudan. Logro reponerme. Al frente diviso la ciudad. Mi estado de ánimo cambia. Soy otro. Vuelvo a la capital del mundo indígena mexicano. Marcos ha resituado San Cristóbal de las Casas en el mapa político mundial. Logró enseñar heridas incurables sobre el rostro de México, ante las promesas incumplidas en los planes de ajuste estructural patrocinados por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Le aguó la fiesta al presidente Carlos Salinas de Gortari. Desde estas tierras del olvido impidió que se sentara como figura principal de la Organización Mundial de Comercio (OMC). ¡Qué le vamos a hacer!
A mi regreso después de tres años de ausencia siento el cambio. ¿O será que durante mi primera visita no percibí lo que veo y siento ahora? San Cristóbal de las Casas, con todos sus aires e ínfulas coloniales, no pasa de ser una ciudad cuyo movimiento comercial lo debe al turismo. La energía creadora de sus habitantes, fundamentalmente indígenas… ¡¿Qué estás diciendo Guillermo?! San Cristóbal es una ciudad de legítimos españoles, los indígenas vienen de la selva lacandona. Lo más parecido a estos infatuados y renuentes ciudadanos son los granadinos, sobre todo los otrora orgullosos habitantes de la Calle Atravesada. La de San Cristóbal es una sociedad cerrada. Dividen el mundo entre propios y extraños. Aunque en una ciudad atrapada por el turismo los extraños resultan ser la mayoría. Por esos aires señoriales fue que Enoc Hernández Cruz, resultó electo alcalde. ¿Cómo por eso? Pues sí. Cuando pidió a los lugareños que apoyaran su candidatura, los del centro le dieron la espalda. No es para menos. Es un advenedizo. Viene de Jiquipilas del ejido San Antonio. Su partido, el PRI no lo respaldó. Lanzó su candidatura bajo la bandera de Alianza Social y ganó. La gente de los suburbios, los de afuera, la gente de la orilla le dio el voto. Los otros que lloren. El advenedizo mostró que San Cristóbal de las Casas ya es otra y que los resabidos son una minoría.
Aún así debes confesar, San Cristóbal no te supo igual. Tal vez fue porque Marcos ya no es la figura de otros años. Es probable. Aunque Marcos sigue siendo una voz que todavía suena en el universo mexicano. Es probable que ya no tenga el aura con que encantó a México y al mundo, pero su voz todavía se escucha. No sólo eso. El guerrillero postmoderno, con su pasamontañas y su eterna pipa, es el primer producto de exportación en Chiapas. Su primer objeto de comercio: en las calles, plazas y mercados, de San Cristóbal, ofrecen en venta pasamontañas, pipas, camisetas, libros y proclamas del Sub-Comandante Marcos. ¡Qué contradicción! A como marchan las cosas temo que se convierta en una referencia nostálgica, sin mayor ascendencia sobre el entorno político. ¿No será una voz que se apaga? Éstas son puras conjeturas, tuyas. Ojalá lo sean. Pero lo que no es conjetura, sino la más purita verdad, es que la mancha negra que significó para Fray Bartolomé de las Casas, por haberse aventurado en 1517 a pedir al emperador Carlos V importar negros a América para que vinieran a sustituir a los indios que servían “en los laboriosos infiernos de las minas antillanas”, lejos de aclararse, todavía persiste. No seas racista. ¿Cómo racista? Por lo de la mancha negra. ¿Por qué no blanca o cobriza? No te hagas el gracioso. No lo soy. Cínico, entonces.
Sigo pensando, en la memoria del mundo pesa más la alusión que hace Jorge Luis Borges en “El atroz redentor Lazarus Morell” sobre la herejía cometida por Fray Bartolomé, que su propio acto de contrición. ¿Cómo es eso? Muy simple. En 1566 un poco antes de su muerte, De las Casas quedó convencido, “que era tan injusto esclavizar a los negros como a los indios, y por las mismas razones”. Desde que llegué no he podido dejar de pensar en esta verdad insidiosa. Durante todo el día me ha perseguido la aseveración de Borges. Por más que has querido apartar de tu mente esta injusticia, no has logrado conseguirlo. Sin embargo, debes sentirte pleno y reconfortado. El hecho de que prevalezca lo afirmado por Borges sobre el arrepentimiento tardío de Fray Bartolomé de las Casas, viene a ratificar algo en lo que tú crees y predicas a diario: El carácter trascendente y sedicioso de la literatura.
No seas bárbaro. Fray Bartolomé merece un mejor destino. No te afanes. Su pecado tiene el mismo significado y el mismo peso que el destino que deparó a los negros por estos rumbos del mundo. ¡Lo demás es poesía! como aduce mi hermano Jorge Eliécer.
— ¡No me digas que a eso viniste a San Cristóbal de las Casas!
— ¡En verdad que no! ¡Pero qué podemos hacer!
El autor es decano de la Faculta de Ciencias de la Comunicación de la UCA.