Buena decisión

Freddy Potoy [email protected]

A los 29 días que LA PRENSA empezó a publicar una serie de trabajos periodísticos que denuncian los estragos del narcotráfico en la institución del orden público en la Costa Atlántica, se conoce que el jefe antidrogas de la Región Autónoma Atlántico Sur (RAAS), Oscar Larrave, fue dado de baja y que el jefe regional de la Policía en esa zona, Alonso Sevilla, fue democionado.

Los altos mandos han dado un paso positivo por el bien del prestigio de la institución y por la confianza que la población aún deposita en sus agentes, pero el asunto no debe quedar ahí. Si existen responsabilidades penales hay que seguir el caso en los tribunales comunes, pues es inconcebible que agentes policiales compartan droga, dinero y otras cosas con los “socios del crimen organizado”.

Los trabajos de LA PRENSA tienen el objetivo de plantear este grave problema, encontrar propuestas de soluciones y ejecutarlas, sin embargo, algunos mandos de la Policía han entendido que las denuncias de corrupción contra varios de sus agentes es algo personal, razón por la cual algunos de sus jefes intermedios se han encargado de desinformar y tratar de deslegitimar a los que hemos informado del problema; otros se han atrevido a amenazar directamente porque se sienten ofendidos. Señores policías, no es ofensa señalar errores que cometen en el desempeño de sus funciones, sino que se trata de brindar elementos valiosos para mejorar su trabajo.

Dar de baja a Larrave merece un reconocimiento a los altos mandos de la institución, que investigaron y encontraron los elementos constitutivos del problema entre oficiales de la Policía y los traficantes de droga.

Creo que la decisión rápida del Jefe de la Policía Nacional, primer comisionado Edwin Cordero y de la Inspectora General de la institución, comisionada general Aminta Granera, de investigar a fondo los hechos denunciados, contribuyó a que no se borraran evidencias ni se protegiera a oficiales que no merecen estar en el cuerpo policial.

El trabajo no ha sido fácil. Es casi seguro que tanto la comisionada Granera como otros oficiales que querían limpiar el buen nombre de la institución, encontraron obstáculos, sin embargo, los resultados ahora les dan la razón.

Algunos que forman parte de la Policía y que piensan que tienen el poder en sus manos y en su cabeza, deben tomar nota que no se debe abusar del uniforme, del arma, el cargo y las funciones que les asignan, sino que tienen que ser verdaderos servidores públicos.

Ahora hay más facilidades que en la década del ´80, por tanto, debemos hacer mejor las cosas, con más mística y un gran deseo de trabajar sin parar, ese valor importantísimo que se llama autocrítica (saludable para el ser humano) ahora más que nunca se vuelve necesario; ese sentimiento de solidaridad, y el hambre y sed de justicia, deben formar parte de nuestro orgullo personal al momento de realizar las misiones encomendadas sin esperar algo a cambio, pero siempre dentro del marco de la ley. Los valores intangibles en estos tiempos son imprescindibles para ayudar a construir una nación que alcance un mejor nivel de desarrollo. Por el momento, la Policía ha dado un paso más hacia ese horizonte.  

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