El discurso político de siempre

Justo Pastor Ramos*

Desde hace algunos días los políticos del ámbito nicaragüense han iniciado nuevamente la promoción proselitista frente al advenimiento de las elecciones municipales de 2004 aun cuando faltan unos 18 meses para este proceso eleccionario, en la que queriendo atraer la simpatía, los diferentes dirigentes políticos de los bandos en campaña han precipitado un universo de pretensiones candidaturales.

Ya se pueden observar los despliegues de campaña en pro de determinado precandidato en los medios de comunicacion social, más los viajes de los dirigentes nacionales por los diferentes rumbos del país desarrollando estrategias basadas en el mismo fin y actividades en las que ya se hacen compromisos de todo tipo.

El discurso que se comienza a escuchar es el mismo de siempre, subjetivo, vacío de propuestas objetivas que en la práctica respondan a las justas demandas del pueblo.

En primer lugar la estrategia se centra en guardar distancia uno del otro, cuando en la realidad todos son actores de un mismo drama en el que tan vehementemente cuestionan ante el pueblo, olvidando que éste no juzga por las apariencias sino por las acciones.

De manera que no hay que olvidar que lo que más necesitan los nicaragüenses son soluciones positivas que vengan a resolver los problemas que nos angustian, que en vez de estar promoviendo tempranas campañas electorales, los responsables de éstas deben abocarse ante todo a solucionar la debacle social que mantiene en un maremagnum de dificultades al pueblo demandando atención en salud, educación y trabajo.

Debe cambiarse el juego político actual por respeto a la dignidad humana y por amor cristiano actuando con responsabilidad moral y haciendo cuanto se pueda por ayudar a quienes sufren a causa de la pobreza, la adversidad de esta caótica situación. Juan, el apóstol decía: “Cualquiera que tiene los medios de este mundo para el sostén de la vida, y contempla a su hermano pasar necesidad y sin embargo le cierra las puertas de la compasión. ¿De qué manera permanece el amor de Dios en él?

Cuando un político se va de campaña trata de decir lo que al pueblo le gusta oír, dejando a un lado la realidad histórica de un pasado saturado de promesas incumplidas, y hasta confiesa haberse equivocado; qué bueno es reconocer el error pero qué difícil es creerle a alguien que está dispuesto a modificar su manera de actuar y pensar y hasta cambiar sus principios. Es bien fácil orientar sus discursos hacia el punto de ganar simpatía o el voto deseado que permitiría el espacio que ha de rentar diferentes beneficios, pero si ese discurso carece de buenas intenciones en favor del pueblo, no tiene ningún valor y sólo será un engaño más que se queda en la memoria.

Ahora que se empieza a convocar para elegir a las autoridades municipales, no se deben excluir de la mente las viejas experiencias, los que hemos experimentado en los últimos tiempos; un ataque permanente entre políticos, una competencia sustentada en la descalificación del otro, el encono, el enfrentamiento, la dolarización de posturas y la ausencia de diálogo.

Actitudes negativas hasta la saciedad que desdichadamente hacen su efecto en la humanidad del pueblo pobre y trabajador que cansado de soportar tantos desafueros emigra de su país en búsqueda de un destino mejor.

Ante todo esto creo muy humildemente como parte de un mundo ansioso de progreso económico, social y cultural, que hay que saber distinguir con amplio criterio personal el comportamiento político de los candidatos teniendo muy en cuenta su vocación de servicio, su entrega a la comunidad, su experiencia sobre los menesteres edilicios y la congruencia de su comportamiento social con su programa de gobierno. En esta etapa los medios de comunicación y los comunicadores han de jugar un papel trascendente como eje de vinculación entre la sociedad y los candidatos, promoviendo más allá de la mercadería política la exacta disponibilidad de una información coherente para la decisión del elector, lo que sería muy saludable y oportuno para el político que quiera reconocer que no puede haber democracia ni justicia social, si no hay buenos electores, si no hay un examen de la conciencia ciudadana que venga a contribuir a un ambiente de fraternidad que con responsabilidad republicana sea orientado al bien común de la sociedad nicaragüense.

* El autor es historiador
[email protected]  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí