Entre la tragedia y la comedia

Claudia Márquez Linares*

En medio del silencio y la expectativa en la sala del tribunal, la secretaria comenzó la lectura formal de los cargos contra los periodistas Oscar Espinosa Chepe y Héctor Maseda y los disidentes Héctor Palacios, Marcelo López, Marcelo Cano, y mi esposo, Osvaldo Alfonso.

Afuera, agentes del Departamento de Seguridad del Estado (DSE) le negaban la entrada a diplomáticos de España, Alemania, Suecia, Inglaterra, y Estados Unidos, además a periodistas extranjeros y a familiares y amigos de los encausados.

Los acusados ocupaban los primeros bancos. Detrás de ellos, una fila de oficiales de la Seguridad del Estado. En la tercera y cuarta filas, los familiares más allegados de los acusados. En el resto de los bancos, miembros del partido comunista, serios y sumisos.

Tres cámaras de televisión enfocaban sus lentes en mi esposo, Osvaldo Alfonso, presidente del Partido Liberal Democrático de Cuba, que pidió permiso para leer un texto. Mientras leía un dolor me apretaba el pecho: no podía creer lo que estaba escuchando. Más tarde, la televisión oficial transmitió el segmento repetidas veces como evidencia de que los opositores pacíficos, leía de su texto Alfonso, “hemos respondido de alguna u otra manera a los intereses de Estados Unidos”.

Era pura jerga gubernamental. Todavía no sé si lo escribió él o se lo escribieron.

La función prosiguió. Hablaron el resto de los acusados. Mantuvieron con firmeza sus ideales para la democratización de Cuba. El periodista y economista Espinosa Chepe repitió lo que siempre ha dicho. Que está en contra del embargo comercial por parte de los Estados Unidos. De nada sirvió su acostumbrada sinceridad. Fue condenado a 20 años y en estos instantes su salud es muy delicada. La atención médica en Villa Marista, sede de la Seguridad del Estado, deja que desear.

Luego que los acusados respondieron a las preguntas de sus abogados, comenzó el desfile de más de 20 testigos de la Fiscalía.

La mayoría eran trabajadores del Hotel Parque Central y del Hotel Nacional, donde el Sr. Wayne Smith, el primer jefe de la Sección de Intereses de los Estados Unidos en La Habana y conocido simpatizante de Castro, acostumbraba concertar reuniones entre opositores cubanos y congresistas y senadores estadounidenses.

Los testigos cometieron sus pifias. Por ejemplo, dijeron que a los acusados Héctor Palacios y Osvaldo Alfonso los habían visto el 21 de marzo, cuando estaban presos desde el 18. Esto provocó la risa de los familiares. Dijeron que una vez, uno de ellos escuchó que se hablaba de una avioneta que iba a lanzar ayuda (de nuevo risas). Declararon que habían visto a Marcelo López en una de esas reuniones. Ninguno de los dos Marcelo había asistido nunca a estos encuentros.

Los testigos revelaron detalles asombrosos de “atentados” contra la seguridad e integridad nacionales. Que el periodista Espinosa Chepe era visitado por periodistas extranjeros con cámaras y micrófonos. Que frente a la casa de Palacios se estacionaban “a menudo” autos con chapas diplomáticas. Que Palacios regalaba medicinas a sus vecinos. La testigo en contra de Maseda, una vecina que le prestaba el teléfono, declaró que una vez lo escuchó hablar del resultado de unas elecciones. Maseda, que es masón grado 33, ripostó que la conversación se refería a las elecciones de su logia.

Declararon también que el “siniestro cabecilla” Frank Hernández Trujillo, residente en Miami, tenía vínculos con organizaciones terroristas y agentes de la CIA. La prueba de esto fue la declaración del testigo Iván Luis Guaquinot, que dijo haber infiltrado el Grupo de Apoyo a la Disidencia que dirige Hernández Trujillo. Según familiares de presos políticos, Hernández Trujillo no ha hecho otra cosa que enviar a Cuba cuadritos de sopa, café Pilón, sobrecitos de sazón para la comida y medicamentos.

También el doctor Pedro Véliz declaró ser agente. De golpe, la función de todos estos agentes quedó clara: crear organizaciones paralelas a las ya existentes en las filas de los disidentes y opositores al gobierno. Así se crearon varios partidos de derechos humanos, varias asociaciones de médicos, hasta una federación alternativa a la Sociedad de Periodistas Manuel Márquez Sterling, que ya existía desde diciembre del 2001. Esta federación la creó el agente Miguel, conocido dentro del periodismo independiente como Manuel David Orrio.

Finalmente, mostraron en cintas de video a los disidentes —y a una servidora— entrando a la residencia del jefe de la Sección de Intereses de los Estados Unidos en La Habana, James Cason. La cinta tiene hasta música de fondo.

* La autora es esposa de Osvaldo Alfonso, Presidente

del Partido Liberal Democrático de Cuba, condenado

a 18 años de prisión  

Editorial
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